La cultura a la calle y en circulación

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La cultura a la calle y en circulación Foto:Archivo.

Desde hace once años se realiza durante varios días de enero en la hermosa ciudad de Mercedes un evento sin comparación: el Jazz a la Calle. 

He participado como espectador en todas las ediciones y, a poco más de una década de iniciada esta aventura, ya se percibe en toda la ciudad su positivo efecto cultural. Se ven niños y jóvenes con sus instrumentos musicales a cuestas, incluso niños tocando en el patio de la Manzana 20, el lugar elegido por los músicos para sus inspiradas sesiones de Jam. Y, sobre todo, se percibe un aire de interés y formación por el lenguaje y la sensibilidad musical, lo cual traspasa el ámbito específico de la música para convertirse en un aporte cultural que va generando un sedimento diferencial a favor del lugareño y todos aquellos que participan de la experiencia y se llevan consigo un valor fundamental: un salto de calidad en su apreciación estética y un incremento de su capital cultural.

Uno de los aspectos centrales de la propuesta, más allá de los espectáculos que noche a noche se desarrollan en el escenario principal, es la realización diaria de las llamadas Clínicas, donde músicos de diversos lugares del mundo interactúan desde un plano formativo con los asistentes, reflexionando sobre las diferentes aristas conceptuales y prácticas que hacen al oficio del músico. Este punto es clave: la apreciación de un hecho cultural requiere siempre la formación de una subjetividad que logre valorarlo. Y esta siempre es una tarea de largo aliento. Y de largo alcance, claro. En tal sentido, incluso han ido a más: el Jazz a la Calle se ha transformado en un movimiento cultural que funciona durante todo el año, constituyéndose como una Escuela de Música , que brinda una excelente formación, sin costo alguno, para niños, jóvenes y adultos, a la par que mensualmente organizan toques.

De este modo, el Movimiento Cultural Jazz a la Calle ha logrado convertir en efectiva realidad lo que desde su declaración de principios plantea como objetivo: "promover y difundir, por todos los medios a su alcance, la música en su más pura neutralidad a través del conocimiento ético, que comienza con la ampliación de las fronteras de la inteligencia, el espíritu, los afectos y la emotividad de nuestro colectivo social contribuyendo de esta manera a conformar una columna de seres humanos sensibilizados y comprometidos con la generación, re creación y percepción de la realidad teniendo como sólido puntal la música sustancial que promovemos y difundimos tanto en sus formas como en sus contenidos", desde un entendimiento que visualiza el todo del proceso como una "reconstrucción social y humana a largo plazo cuyo fin es impulsar la música como herramienta, como intermediaria entre lo que somos y lo que queremos ser promoviendo la transformación de las personas, de trabajar los valores y una nueva percepción de la realidad a través de los sentidos". (http://www.jazzalacalle.com.uy/acerca_de.html)

Esta Movimiento de cuño mercedario nos enseña, pues, que las políticas culturales deben focalizarse en la construcción de una subjetividad ciudadana caracterizada por su capacidad de apreciar una rica grilla de experiencias estéticas, de poder acercarse a diferentes registros de la sensibilidad y el intelecto, insumos principales de toda cultura. Y la cultura es, en definitiva, el principal valor y reflejo de una comunidad.

En este mismo sentido, durante el segundo semestre del año pasado, tuve la oportunidad de participar en la puesta en marcha del Sistema de Circulación Cultural impulsado por la Dirección Nacional de Cultura del MEC, desde un lugar que tiene que ver en buena medida con lo que sucede con las Clínicas y la apuesta a la formación permanente del Jazz a la calle: acompañando a los espectáculos que se pusieron en marcha, llevé adelante talleres de reflexión sobre el concepto de cultura y el vínculo entre la educación y el capital cultural, a los cuales asistieron estudiantes, docentes, artistas, comunicadores, gestores culturales y todos aquellos ciudadanos (que, por cierto, fueron varios) interesados en los temas propuestos. Los talleres se realizaron en las ciudades de Mercedes, Fray Bentos, Salto, Paysandú y Bella Unión, abarcando el espacio regional donde se puso en marcha este primer tramo del Sistema de Circulación Cultural, experiencia que esperemos se prolongue en este año hacia otros puntos del país, en una apuesta territorial que incluya a todos los uruguayos sin excepción alguna.

Ambas experiencias, en donde participé desde diferentes roles, han fortalecido mi comprensión de que es clave entender que no alcanza con la puesta en escena de un hecho artístico. El impacto cultural se da particularmente cuando la reflexión se hace presente, cuando acompaña y enriquece, cuando la apuesta es al diálogo, al debate, a la formación intelectual, más allá de la importancia que en sí mismo tiene el participar como espectador de los hechos artísticos en concreto. Cuando se baja el telón y el artista deja el escenario es cuando podemos apreciar si ciertamente las políticas culturales han entrado en juego.

Generar espacios de reflexión implica el paso de real democratización de la cultura: no alcanza con el derecho de acceder, sino que urge apostar al empoderamiento. Las brechas culturales se acortan finalmente desde un escalón siguiente al del acceso. Chapeau, Jazz a la Calle, que nos está demostrando que ese camino es posible. Y, de a poco, el poder político también parece ir dando pasos en tal sentido.

Cuando la cultura va a la calle y circula desde la formación permanente es cuando efectivamente estamos construyendo una comunidad que apuesta por los derechos culturales de todos.

Pablo Romero

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