Conducir protegiendo la vida

Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

La alta tecnología ha continuado su desarrollo para proteger nuestras vidas cuando ocupamos un automóvil frente a un choque.  

Esos avances técnicos se basan, en gran parte, en el uso cinturón de seguridad, o en los cascos, en el caso de cuando conducimos una motocicleta.

En los automóviles las estructuras deformables de ciertos lugares del vehículo y el uso del cinturón de seguridad, como así también del airbag entre otros, evitan muchas víctimas.

En los accidentes leves o de baja velocidad, la energía del choque se amortigua en los coches modernos, a través de los paragolpes, ya que están fabricados con un plástico que absorbe parte de la energía. Cuando estos últimos ya están destrozados, amortiguan la energía ciertos chaperios de la carrocería que no componen el habitáculo donde vamos sentados.

Para la seguridad de los ocupantes, sólo basta con el uso del cinturón de seguridad. Pero en el caso de accidentes leves, los airbag no actúan ya que no son disparados. En cambio en los siniestros de alta velocidad, la carrocería también debe desformarse y absorber la mayor cantidad de energía causada por el accidente. En estos sucesos sí se dispara el airbag. La carrocería debería estar diseñada para que el habitáculo se mantenga lo más entero posible, lo cual se logra con el costo de que se destruyan todas las otras partes del vehículo como guardabarros, portabultos, etcétera.

En este tipo de percance, sí es muy importante el airbag ayudando a la protección de los ocupantes.

Hoy en día, la mayoría de los habitantes del planeta Tierra descuidan la vida, ya que no se mantiene cierto equilibrio indispensable. Se descuida la armonía, el descanso, etcétera. Parece que para ser inteligente o “piola”, hay que beber en exceso, fumarse todo lo que se encuentra a nuestro paso, y eso sumado a las preocupaciones que son cada día mayores.

La mayoría de la gente no toma conciencia de los riesgos, la ansiedad, y la ambición por andar más rápido, a alta velocidad, ya sea en ruta o ciudad que nos lleva a tener accidentes grandes, hasta la muerte en muchos casos. La velocidad y la pícara imprudencia con que estamos conduciendo, son la causa de un estado alterado de la conciencia, pero claro, el hombre deberá aprender que los excesos ya sean de acciones, preocupaciones, velocidades sin control, maniobras arriesgadas, disminuyen la tranquilidad, la felicidad, y le hacen perder la brújula sobre los valores básicos del buen comportamiento, respeto, etcétera, hacia sí mismo y hacia los demás.

El hombre debe aprender a vivir en equilibrio para obtener resultados positivos.

No hace muchos días tuve la oportunidad de recorrer el interior del país, y me causó gran estupor ver en muchos lugares a las madres llevando a sus niños de no más de dos o tres añitos, en el asiento trasero de la moto, o ciclomotor, solamente sostenidos con las dos manitos del pequeño agarrando la cintura de la madre. La verdad es que ponía los nervios de punta ver la forma cómo viajaban arriesgando la vida sin atenuante alguna.

Amigo: Tómese su tiempo para conducir, hágalo con cinturón, con casco, bien descansado, cuídese usted y cuide a los demás, que todavía hay muchísimo desequilibrado en la vía pública.

Atilio Lorenzotti

Tel. 2900 4651

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Visto 821 veces