“El viajante”, el tiempo está después

Escrito por
“El viajante”, el tiempo está después El viajante, de Asghar Farhadi, uno de los grandes realizadores del cine iraní.

Asghar Farhadi, uno de los grandes realizadores del cine iraní, conocido y muy reverenciado por films como el también oscarizado “La separación”, “El pasado”, y por este opus que nos convoca, “El viajante”, obtuvo la estatuilla dorada a mejor película extranjera, en su última edición de 2017. 

Es un drama con sesgos melodramáticos, un thriller con vetas psicológicas en un plus mayor, que comienza mostrando las imágenes de un escenario teatral, cuyas sillas vacías están a la espera de la llegada de los actores, que encarnan a la pareja protagónica, en la obra “La muerte de un viajante”, del dramaturgo estadounidense Arthur Miller, como se verá en el devenir fílmico.

Ese día, la pareja actoral no se presentará, puesto que tiene que vérselas nada menos que con el desmoronamiento, el derrumbe del edificio y del apartamento en el cual habitan en Teherán, debido supuestamente a los nefastos efectos producidos por la acción de una excavadora en un sitio vecino. Este colapso adquirirá connotaciones simbólicas respecto a las resquebrajadas interioridades psico-emocionales que padecerán los personajes.

Los agonistas en la vida, son un profesor y una ama de casa, que a su vez se dedican a los quehaceres culturales, específicamente a la dramaturgia, y se ven apremiados por encontrar otro lugar para vivir. El tópico del teatro dentro del cine, será una constante a desarrollar, que tendrá infinitas resonancias.

Un colega les ofrecerá un hábitat para mudarse, pero que tiene en su interior una puerta cerrada, que la pareja insistirá para que sea abierta. Detrás de ella, hay objetos, ropas, diversos enseres pertenecientes a la anterior inquilina que allí habitaba, según relata el dueño. Configura un primer indicio significativo, la presencia lejana que nunca aparece, en una suerte de convivencia excéntrica, con una “tercera” persona y sus cosas, de quien no tenían ningún conocimiento de su existencia.

Ya desde el principio se presentifican las dudas, interrogantes, enigmas que paso a paso, siembran en la mente del espectador, el cine de Farhadi. Una cinematografía autoral, reflexiva, de una morosa, inteligente narratividad.

Una noche, luego de ordenar la nueva casa, la agonista abre la puerta – está esperando a su marido -, sin preguntar previamente quién es, sólo apretará el botón del portero eléctrico, y entra a ducharse en el baño.

Pero lo inesperado sucederá, ingresará un desconocido que la violentará trágicamente, en una secuencia que no es visualizada por el espectador.

A su llegada, el esposo se sorprenderá, al constatar las manchas de sangre que hay en la escalera y en el baño. Los vecinos le comunican que su esposa está hospitalizada. Rana, con una muy sangrante herida en su cabeza, intenta transmitirle lo que puede, tal vez no se anime a relatar lo ocurrido. En este punto de inflexión comienza el quiebre, la incipiente incomunicación. Es un film con una entonación “rashomoniana” en cierto modo, en cuanto a la aprehensión o develación de las últimas verdades.

Algunos vecinos expresan, que la inquilina de antaño, se dedicaba a ofrecer sus servicios sexuales a cambio de dinero, hecho no menor que fuera omitido por el dueño y “amigo”.

Emad, el esposo advertirá por los vidrios rotos, que ha habido un forcejeo entre él y su esposa, y que el sujeto desconocido, antes de huir ha dejado varias pistas. No se plantea avisar a la policía, pero Emad (Shahab Hosseini), de aquí en adelante se empeñará en ir desentrañando por sí mismo, y con desesperado dramatismo, la oscura, intrincada madeja o entramado, se involucrará en el laberinto incesante de la culpa y el castigo. Rana (Taraneh Alidoosti), sigue sin poder hablar de lo que le ha acontecido, psicológicamente está devastada, siente miedo de quedarse sola, llora, tiene que alejarse de la actuación y aceptar ser sustituida por otra actriz.

Lo gestual, los rostros, las miradas, lo que se calla, o se oculta, los silencios, irán cincelando el abismo en el cual están fatalmente inmersos.

El marido irá sufriendo su calvario, se pregunta hasta qué grado fue violentada su mujer, por el temor traumático que la aqueja. Sospecha que ha sido ominosamente violada.

Ese duro golpe “como del odio de Dios”, tendrá por consecuencia que ellos, los de antes ya no podrán ser los mismos, parafraseando a un poeta.

Emad en sus indagaciones, en su investigación, llega a encontrar el hilo que lo conducirá no a un joven, sino a un hombre mayor, como muy posible victimario, como el culpable.

Hay paralelismos y oposiciones muy valiosas, con respecto a la obra teatral que están representando y cuyo tema tiene que ver con la muy ajetreada, fracasada vida de un vendedor (Willy Loman), y su esposa (Linda). Loman será liberado por la muerte de su desastrado vivir como perdedor.

En la otra ficción, el marido atormenta al anciano victimario, al punto que confesará el horror cometido, y aspira a que lo haga ante su familia, para humillarlo totalmente ante los suyos. Pero su corazón le falla, y una Rana expectante, no permitirá que esa acción se realice. La religiosidad islámica está presente en el perdón que el anciano le expresa a la víctima. Tampoco hay que olvidar el contexto político-social de la teocracia iraní, de su fuerte tradición patriarcal. Si bien los agonistas descubren zonas de sí mismos insospechadas, hay otras que quedan en las sombras, donde al parecer “todo lo vivido se empozara en el alma”. ¿O son enigmas – quizás enviados, y/o emisarios de la muerte -, para ser indagados muy profundamente por el espectador?

El llanto de Rana ante la inminente muerte en las escaleras de su agresor, - fílmicamente impactante -, tiene multiplicidad de interpretaciones, en tanto abandona el lugar.

Farhadi apela a un desenlace casi “chejoviano”, cuando muestra a Rana y Emad, a quienes los están maquillando en aras de proseguir juntos con la finalidad de continuar interpretando “La muerte de un viajante”. ¿Se dará una suerte de alienación y/o de “expiación”, o se plasmará un camino de salvación, de redención definitiva por medio del arte?

Decir que los actores brillan en sus performances, que el guión y la dirección son fantásticas, que hasta los “misteriosos” créditos avalan la creación de un universo único, sutil irrepetible, que en un instante se desmorona, colapsa, se fractura totalmente, y asoman las desolaciones, las interioridades no explícitas, la ira, la dificultosa comunicación, es sólo apenas una parte de un rompecabezas que cada espectador armará, desarmará, y volverá a armar como real y/o posible en su psiquis.

El tiempo está después.

Paula Montes

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

                                                                                                                                 

 

FICHA TECNICA

“El viajante”, (Forushande (The Salesman)) Irán, Francia, 2016. Dirección y guión: Asghar Farhadi.  Música: Sattar Oraki. Fotografía: Hossein Jafarian. Elenco: Shahab Hosseini, Taraneh AlidoostiBabak KarimiMina Sadati.

Visto 1084 veces