“La rueda de la maravilla”, silencio

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El gran humorista Woody Allen, como todos los años ha entregado su opus anual, llamado “La rueda de la maravilla”. 

Pero en esta ocasión, se ha puesto muy serio, plasmando un drama con mayúscula, en el cual no asoma la más mínima pizca de humor.

Si bien Allen ya ha transitado por el género dramático, con el magisterio que siempre lo caracteriza, en obras como “La otra mujer”, “Setiembre”, “Manhattan”, “Recuerdos”, la más reciente “Blue Jasmine”, - entre varias más -. El film que nos convoca, nos retrotrae en lontananza al film “Interiores” de 1978. Un drama psicológico-familiar, que es más “alleniano”, en tanto mostraba “interiores cuidadosamente diseñados…”, y una madre obsesivamente esteticista, tentacular, interpretada fantásticamente por Geraldine Page, tiene elementos comunes con este film, en cuanto a lo excesivamente discursivo (diálogo y/o monólogo), y por momentos posee una cierta entonación “bergmaniana”, en donde la actriz británica Kate Winslet, en su personaje protagónico, con un ayer de frustración actoral, logra hacer su “aristía”, alcanza una suerte de culminación en su excelente performance sin dejar de lado otras memorables actuaciones femeninas, como por ejemplo la de Juno Temple en el papel de Carolina.

Un parque de diversiones, - con sus luces y sombras, con esa extraña tristeza intrínseca -, es el escenario cercano al hábitat donde se asienta una familia singular, constituida por una madre que tiene que trabajar para sobrevivir como mesera, camarera en un restaurante del balneario situado sobre la costa, en Coney Island, al sur de Brooklyn, en los decadentes años 50. Tiene un hijo pirómano y cinéfilo (¿fuego simbólicamente purificador?), proveniente de una anterior relación con el baterista de una orquesta de jazz a quien amaba y le fuese infiel; y en el presente fílmico está casada con un hombre rudo, perdedor, alcohólico, que intenta acceder a períodos de abstinencia, a veces paternal, en ocasiones violento, golpeador, que se encarga del funcionamiento de la calesita del parque, encarnado por el actor Jim Belushi.

En tanto “la rueda de la maravilla”, se ha transmutado en la metáfora irónica del infortunio, que azota los vínculos familiares y se plenifica en la desilusión, en la amargura, en el pesimismo.

La palabra es la ocasión fílmica del enriquecimiento preciosista de la imagen. La cámara anima el espacio de campo y sigue los desplazamientos de los personajes, haciendo del film un universo centrado gran parte en el lenguaje, en los objetos reales, en las unidades significativas de los rostros, en los comportamientos, en el exceso confesional de los agonistas, en lo que se eclipsa.

El sentido último del film está en la búsqueda de los sueños que inexorablemente se truncan, como en la tragedia griega.

El dramaturgo Eugene O’Neill con su gran capacidad analítica respecto de sus personajes está muy presente, en un film con gran impostación teatral, de quien se aludirá a su obra “Long day’s journey into night” (1956).

Ginny-Kate Winslet, la esposa, encubre su alcoholismo en tanto procura evadirse de su entorno doméstico. Camina por la orilla del mar – imágenes espléndidamente fotografiadas por Vittorio Storaro -, que la conducirán al conocimiento del salvavidas o guardacostas (Justin Timberlake) del balneario, con quien entablará un desesperado, apasionado romance, ya que aspira a que el joven que tiene además aspiraciones de escritor y curiosamente es el narrador omnisciente de la historia, huya con ella a alguna parte.

Sus aspiraciones se frustrarán ya que el guardavidas se enamorará de su hijastra, que ha venido a refugiarse a la casa paterna, huyendo del gánster con quien está casada, después de haber hablado demasiado acerca de él. Los mafiosos intentarán encontrarla, devolverla a su dueño.

Muy buena actuación de Juno Temple, en su candidez total, en sus sensibles “raccontos”.

El estrato vestimentario de Ginny, una suerte de anti-Eve, hace del rojo su color esencial, más allá de las migrañas que le provoca el bullicio, de las luces y sombras que devienen del parque de diversiones. Un juego de luces espectacular, y en paralelismo con la interioridad emocional de la agonista principal.

La parábola de la rivalidad, de los celos, del desgaste, de la erosión, de los sueños rotos, hará presa en Ginny-Winslet, así como el patetismo desgarrador de su soledad, de su perversión.

De algún modo para que vuelva a haber vida, parece decirnos Allen, el tiempo tiene que ser destruido, y llevar todo a su final.

El film es un drama altamente estremecedor, con una heroína difícil de olvidar en su grandeza y miseria.

Paula Montes

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FICHA TECNICA

La rueda de la maravilla”, (Wonder wheel) Estados Unidos, 2017. Dirección y guión: Woody Allen. Música: multiplicidad temática epocal. Fotografía: Vittorio Storaro. Elenco: Kate Winslet, Justin Timberlake, Juno Temple, James Belushi, Max Casella, Michael Zegarski, Tony Sirico, Marko Caka, Jack Gore, Dominic Albano, Evin Cross, Debi Mazar, Brittini Schreiber, Geneva Carr, Steve Schirripa, Matthew Maher.

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