“El hilo fantasma”, historia de un loco amor

Escrito por

Haber apostado por la obra del realizador mexicano, Guillermo del Toro, como mejor película (y también director), “La forma del agua”, en la ceremonia de los Premios Oscar llevada a cabo el reciente 4 de marzo, es un reconocimiento muy especial. Los alcances metafóricos del film son múltiples, para todo el pueblo mexicano, para quienes padecen la xenofobia, la desigualdad, el “apartheid” encubierto o no, ya sea moral, social, o racial, y un infinito etcétera.  

Hoy nos convoca otro film, que competía en la edición nonagésima de la Academia de Hollywood, un gran film autoral, independiente, sutil, del cineasta Paul Thomas Anderson: “El hilo fantasma”.

Un hilo de esa suerte de esencia y existencia, es el que unirá a una pareja que se consolidará, y que en principio se la muestra muy opuesta respecto de sus interioridades psicológicas, en cuanto a la pertenencia a distintas clases sociales. Obstaculizaciones internas y/o “externas”, serán sorteadas con sabiduría, ingenio y pasión en dicho quehacer fílmico.

El protagónico que encarna con gran magisterio el actor Daniel Day-Lewis, es un ser a quien se retrata excedido, puntilloso, meticuloso por demás, como diseñador y destacadísimo modisto de las clases altas, de los aristos y de las casas reales europeas, en la década de los años 50, en Londres.

Su perfil se amplía, en tanto Reynolds-Daniel explicita que extraña enormemente a su madre muerta, con quien intentará dialogar en un monólogo brillante. A la amada progenitora le llegó a confeccionar un vestido de novia para sus segundas nupcias, de aquí su posterior aparición casi fantasmal.

Su hermana Cyril, interpretada por la actriz Lesley Manville, ha tomado en sus manos, las riendas de la ascética casa en la cual ocurrirán los hechos, - una agonista más, un correlato objetivo de los conflictivos seres que la habitan -; y que maneja, dirige, asesora a su hermano en todas las elecciones o decisiones a tomar. De este modo, no ha permitido su crecimiento en el plano emocional, en lo afectivo, en su hombredad. Así Reynolds se nos irá presentando como un niño grande, portador de un gran narcisismo, a quien un mínimo ruido, lo desequilibra totalmente en el contexto de un malsano silencio, que hace reinar hasta para su equipo de colaboradoras de su oficio.

Reynolds esconde en los pliegues de sus creaciones, de los fastuosos vestidos que nacen de la maestría de sus manos, de su mente, sus oscilantes pensamientos respecto de la vida, nacidos de su edípica depresión no tratada, de su creciente alienación, de su arte, de su alma de algún modo temerosa y egoísta, contracara de un desvalimiento más profundo.

Su hermana le sugiere que vaya a descansar en un pueblito cercano, un bello plano-secuencial nos muestra el recorrido del automóvil y la llegada.

A una camarera que lo atenderá, le pedirá una comida impensable como desayuno, para saciar su hambre hasta el hartazgo, un leit motiv repetitivo en el devenir fílmico, quizás representativo de su ansiosa personalidad.

La atracción fatal entre la sencilla mujer que se la llevará para su casa, Alma, y el modisto se dará de forma muy perturbadora e inquietante. Alma de aquí en adelante, será su modelo (desfilará por la pasarela), su musa inspiradora, su amante, su esposa.

Visionamos a Alma hablar con un psicoanalista, y es en virtud de sus confesiones, reflexiones, que conocemos al modisto. Expresará que él se ha apropiado de cada parte de su cuerpo, que trabaja hasta la extenuación física, para luego caer en el lecho donde aflora la ternura, y a escasos momentos comenzar a rehacerse y volver a su estricta dureza, a su “yoísmo” a ultranza.

Es maravillosa la interpretación que hace de Alma la actriz Vicky Krieps, para tratar de quebrar el cerco de varias capas que Reynolds Woodcock-D. D. Lewis le ha puesto, en este tal vez el último personaje interpretado por el actor, que ha manifestado su despedida de la actuación, del quehacer cinematográfico.

La banda sonora va subrayando cada escena con gran belleza, apelando a la música clásica (Brahms, Berlioz – entre varios más-), y a la música moderna y post moderna con exquisitez inigualable.

El melodrama fue galardonado con un Oscar en la categoría de mejor vestuario, en la autoría de Mark Bridges, aunque competía por 5 nominaciones más (actor principal, actriz secundaria, música original, dirección y mejor película).

Para que el protagonista se rinda al amor que le profesa, pero lo reprime neuróticamente; con la privacidad que requiere, Alma tendrá que emprender un largo, azaroso, ingenioso, doloroso camino, en aras de desmitificar su invulnerabilidad.

Es el gran tema de la película, la posible redención de un inconsciente enfermo, oscuro, del cual se ha padecido un cierto contagio. A mi entender, una apreciación psicológica del drama sentimental puesto en escena, sería muy atendible.

El director de “Magnolia” (episodio), “Embriagado de amor”, “Petróleo sangriento”, “The Master”, mueve los hilos a favor no del amor a puertas cerradas, y así el permanente negador, Reynolds, irá tras su mujer, y bailará con ella en un lugar festivo, tapizado por globos de variadísimos colores, en el comienzo de un nuevo año, tal vez de una nueva vida.

Parecería que el amor turbulento es capaz de derrotar a la neurosis, y a todos los obstáculos que se interponen o por lo menos es la puerta de entrada a la sanación, en tanto se acepte no tan solitariamente.

Visionar el film se vuelve un hito imprescindible. No es un dato menor que el opus esté dedicado a Jonathan Demme, con obras como “El abrazo de la muerte”, “Filadelfia”, “El silencio de los inocentes”, para citar sólo algunos filmes del maestro. Es pertinente decir que su agonista principal, el actor D. D. Lewis se sumió en un estado de “abrumadora tristeza”, y también el director.

Es lo que siente el espectador luego de internalizar lo vivido en la pantalla grande.

Todos los aspectos técnicos están muy bien resueltos, los encuadres, los primeros planos, los planos medios, la iluminación en un film que transcurre en interiores. El drama no abandona fácilmente al espectador, que en días posteriores se pregunta por el dolor que implica el amor.

El cineasta nos deja una creación mayor, entre la tradición clásica y la interrogante penumbra.

Paula Montes

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

FICHA TECNICA

El hilo fantasma” (Phantom Thread), Estados Unidos 2017. Dirección y guión: Paul Thomas Anderson. Música: Jonny Greenwood. Fotografía: Paul Thomas Anderson. Dirección artística: Chris Peters y Adam Squires. Vestuario: Mark Bridges. Reparto: Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham, Bern Collaco, Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon, Ingrid Sophie Schram.

Visto 373 veces