Onetti y el provecho de las dictaduras

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Juan Carlos Onetti nació en Montevideo el 1 de julio de 1909. Hijo de una brasileña de familia esclavista y un administrativo uruguayo de incierto árbol genealógico (ni Juan Carlos lo supo con certeza, unos afirman su raigambre italiana otros irlandesa). 

En ese entonces Uruguay era una socialdemocracia en pañales haciendo punta en Sudamérica, restañando heridas de la revuelta saravista de 1904. El presidente era Claudio Williman, pero la figura de Batlle y Ordónez (quien volvería a ejercer la presidencia a partir de 1911), le marcaba el paso a la república.

La madre de Onetti le cuestionaba su amistad con los niños negros del barrio, sin embargo Juan Carlos nunca discriminó y es posible que esos límites traspuestos fueran el incentivo para el comienzo de una profusa vida interior, materializada en un libro donde transcribía como ciertas, historias y hazañas personales de superhéroe y conquistador.

La crisis de los años 30 lo lleva a buscar trabajo en Buenos Aires. En 1933 se publica su primer cuento, regresa a Montevideo y escribe Tiempo de abrazar, publicada cuatro décadas después. Durante toda la década escribiría un sin número de relatos que a veces quedaban por el camino y otras se perdían en papeles sueltos y mudanzas, hasta que en 1939 se publica El Pozo, primera novela y quizás mascarón de proa de una nueva escuela latinoamericana, continuada por prestigiosos escritores de todo el continente.

Durante años fue y vino de Buenos Aires a Montevideo, publicó y trabajó en ambas ciudades hasta que en una época nefasta para las relaciones entre Argentina y Uruguay, Perón prohibió los viajes hacia nuestro país. Se suprimieron las líneas de barcos (el icónico Vapor de la Carrera), se cerraron los puertos del Río Uruguay y se perseguía con castigos económicos y amenazas de todo tipo a quienes cruzaran “el charco”.

Fue entonces, en ese opresivo mundo dictatorial, cuando a los uruguayos viajar de Buenos Aires a Montevideo insumía triangular con Paraguay, que a Juan Carlos Onetti se le ocurre inventarse una ciudad. Ni Montevideo ni Buenos Aires, Santa María. Una ciudad propia, con la crisis existencialista del autor a cuestas y donde sus personajes caminaran entre sombras y luces tan opresivas como desafiantes. La dictadura de Perón parió Santa María, donde Onetti ambientó tres de sus más renombradas novelas (La vida breve, Juntacadáveres y El astillero).

En 1957 Onetti se instala definitivamente en Montevideo donde trabajará como director de las bibliotecas municipales hasta 1975. Pero en 1974 es parte del jurado de un concurso literario organizado por el semanario Marcha. El cuento ganador (a pesar de los cuestionamientos de dos de los tres miembros del jurado) se publica sin que los directores del semanario lo hubieran leído. Quien toma la decisión viaja a México antes de que el semanario salga a la calle, salvándose de ser detenido por la dictadura de Bordaberry, como sucedió con los directores de Marcha, el autor del cuento (Nelson Marra) y los miembros del jurado, Onetti incluido.

El semanario es clausurado y Juan Carlos Onetti, de salud siempre frágil, es encarcelado en un hospital siquiátrico, generando la repulsa internacional y el levantamiento de voces para su pronta liberación. La dictadura de Bordaberry perdió.

Ya en su exilio de Madrid Onetti completaría su obra, escribiría para El País de Madrid, recibiría reconocimientos, premios y la postulación al premio Nobel. En 1981 recibe el Premio Cervantes y en nuestro país, el entonces ministro de cultura de la dictadura (Darracq), al ser consultado por tal distinción dice de Onetti: “desconozco su obra, pero he oído hablar de él”

Onetti nunca regresó a Uruguay. Murió en Madrid un mes antes de cumplir sus 85 años. Dejó 15 novelas publicadas, una decena de libros de cuentos y un estilo, aunque oprobioso para los lectores de superficie, que resulta insoslayable para narradores y lectores apasionados. Su método: escribir la historia en caliente, es parte y arte de quienes vibran con idéntica pasión.

Horacio D’Angelo Ronzoni

 

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