“Diana en primera persona”, la princesa que quería vivir

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Nunca va a estar todo dicho sobre Diana Frances Spencer, nacida en Sandringham, Norfolk (Reino Unido) en 1961, en el seno de una familia aristocrática, conocida como la mítica Lady Di, que como en un cuento de hadas, fuese tocada por una varita mágica y llegara a ser esposa del príncipe heredero de la Corona Británica, Carlos de Gales, quien la desposara en julio de 1981. 

El 31 de agosto de 1997, la muerte en un confuso, misterioso accidente automovilístico, ocurrido en París, le arrebatará la vida, causando en sus dos hijos adolescentes – Guillermo y Enrique -, un profundo, insuperable dolor, extensivo a su familia directa, si tomamos en cuenta el emotivo discurso-homenaje de su hermano menor, explicitado durante las exequias fúnebres. Una multitud asistió, acompañó el pasaje del féretro hasta la abadía de Westminster, ya que la muy humanitaria Princesa de Gales, en su corta vida, no dejó de preocuparse por el pueblo, por los más desposeídos, que al decir del Primer Ministro británico de la época, Tony Blair, en su discurso de despedida, la bautizara, la distinguiera como “la princesa del pueblo”.

Al cumplirse veinte años de su muerte, el documental muy valioso “Diana en primera persona”, dirigido por Tom Jennings, se basó en el registro de grabaciones, entrevistas, ilustradas por inéditos materiales y/o imágenes de archivo, a los que se suman videos, audios, fragmentos de programas televisivos, fotos de diferentes épocas, recuperadas por la National Geographic, a partir de las entrevistas concedidas por la princesa que fuesen grabadas por el escritor, periodista Andrew Morton, en el contexto del palacio de Kensington, en tanto trabajaba en la realización de un libro de su autoría, titulado “Diana: su verdadera historia”.

De este modo se transita en el film documental, por la infancia, adolescencia, juventud de Diana, de su decadente relación con el indiferente príncipe Carlos, contrastante con su proverbial frescura, con la corona, con los acosadores medios de comunicación, los paparazzi, por su lucha permanente contra la bulimia, y un largo etcétera, en la cual Lady Di narra o relata su propia historia, con una aureola confesional, intimista, dramática.

Sus palabras según Jennings-realizador, van adquiriendo multiplicidad de significados respecto a sus diversas entonaciones, ya que “Diana era muy consciente, e introspectiva del lugar que ocupaba”, me atrevería a agregar del no-lugar que le fue asignado por su esposo, y la monarquía.

Su infancia no fue feliz debido al divorcio de sus padres, concurrió a la escuela en Norfolk, luego irá a Svenoaks, pero no se la consideraba como una buena estudiante. Gustaba de la natación, y deseaba ser bailarina, de ahí que tomase clases de ballet. En Suiza realizará otros estudios. Muy jovencita se asentó en Londres, en un apartamento ubicado en Kensington y Chelsea, donde viviera con total sencillez hasta 1981, ya que a partir de una salida que hiciera con su hermana, conociera por vez primera a quien sería su futuro marido.

El 29 de julio de 1981, contraería matrimonio con el príncipe de Gales, en al catedral de San Pablo, y en el decurso temporal develará ese momento como “el peor día de su vida”.

La maestra de pre-escolares, tímida y muy hermosa, llegó rodeada por más de un millón de personas que se agolpara en torno de la basílica, para visionar a una luminosa, perfecta novia. Pero el cuento de hadas, lamentablemente estaba signado a resquebrajarse en poco tiempo, por una tercera persona, Camilla Parker Bowles, la amante de Carlos. La crisis matrimonial será muy dura, aunque ella se anticipara o vislumbrara por su gran intuición e inteligencia a su caída.

La apreciamos respecto a la educación de sus hijos, a quienes trató de darles una vida normal, sin ocultarles el dolor que forma parte de la vida, mostrándoles el padecimiento de personas enfermas o carentes de recursos económicos.

Diana admite, reflexiona acerca de su enfermedad, la bulimia, de sus extremadas depresiones, del escaso apoyo que recibiera de la familia real, del adulterio que el heredero del trono cometiera con su amor de toda la vida, - siendo el suyo, un matrimonio con un “plus”-, llegando a confesar alguna de sus infidelidades.

Hace referencia al acoso diario sufrido por los fotógrafos, “paparazzi”, en una suerte de juego implacable. Dirá que Carlos “había hallado a la virgen, al cordero propiciatorio del sacrificio. Estaba obsesionado con ella… pero no se sabía el ánimo cambiante que había detrás”. El corazón de su esposo era para Diana un verdadero enigma. Sentía paz sentándose junto a un lago, en contacto con la naturaleza, en la soledad y en el silencio.

Lady Di tenía una visión contestataria, rupturista, de justicia respecto de lo establecido como un absoluto. Entendía que la monarquía tenía que estar más cerca del pueblo.

Si bien sus elegantes vestidos y peinados eran imitados rigurosamente, lo más dificultoso de ser imitado, fue su colaboración, su entrega total a obras humanitarias, la ayuda a los pacientes con sida (VIH) a drogadictos, a ancianos, leprosos, a víctimas infantiles de las guerras, a niños enfermos, desnutridos, pertenecientes a empobrecidos continentes, obviando los riesgos personales, en una suerte de comprometido, incansable quehacer por el prójimo desvalido, batallando por los sectores más marginales de la sociedad dentro y fuera de Gran Bretaña. Otra de sus preocupaciones tenía que ver con la erradicación de campos minados, del peligro que implicaban las minas anti-personas. Impuso claramente una moral de solidaridad, y echó mano a las cámaras que la perseguían con el fin de otorgarles rostros a los olvidados, de ahí la cercanía con los seres más desfavorecidos, el amor al prójimo cercano o lejano, que le hicieran trascender y ser querida dentro de las islas, y allende los mares.

En 1996, Diana se divorciará oficialmente de su esposo, se le permitió tal vez por sus hijos, a quienes amaba y cuidaba con gran pasión, continuar viviendo en el palacio de Kensington.

Estableció una breve relación sentimental con el médico cirujano Kasnat Khan, que no prosperó. Se relacionará emocionalmente con el empresario egipcio Dodi Al-Fayed, que sería de gran interés para la prensa, de ahí que tuviera siempre una cohorte de periodistas a su alrededor. Vetas shakesperianas emergen de sus reflexiones, de sus muy francos, sinceros desahogos, de quien enfrentaba un mundo con diferentes, opuestos parámetros.

Una noche quiso escapar del asedio periodístico, y el chofer (¿tal vez alcoholizado?) de Al-Fayed, llevó a la pareja a más de 140 km por hora, desde el hotel Ritz, en el centro de París, con rumbo a una mansión del padre de Dodi, pero no fue posible llegar al destino.

En el Túnel del Alma, el Mercedes Benz en el cual viajaban, golpeó contra uno de los pilares del túnel, el automóvil se desestabilizó y dio varias vueltas. Un auto blanco inubicable que se les interpusiera, nunca se pudo identificar a quien lo conducía. La ambulancia demoró en llegar, y el traslado de Diana a un centro hospitalario se retardó.

Este dudoso accidente concitó todo tipo de especulaciones, de teorías conspirativas respecto de la Casa Real, pero investigaciones llevadas a cabo en Francia y en Londres desestimaron la idea de una posible intencionalidad de asesinar a la muy carismática, bondadosa, icónica personalidad de la princesa. No obstante se plasmaron interrogantes con este lema: ¿muerte o asesinato?

Así que debió procederse a “un entierro único para una persona única” según asesores de la realeza.

Los ciudadanos de toda Inglaterra habían depositado ramos de flores, y cartas de condolencias junto a las rejas que rodean el Palacio de Buckingham. Se decretó duelo nacional y las banderas de todo el país ondearon a media asta, aunque el Primer Ministro tuviera que advertir lo inimaginable, sugerir, aconsejar.

Una inmensa multitud acompañó el féretro de muy querida “princesa del pueblo” y del mundo, ya que su trágico desenlace conmocionara al universo entero. Sus hijos expresarían en su traumática añoranza, que no olvidan “el aire fresco que aportaba su madre a todo lo que hacía”, por ellos, por todos.

Removedor, angustioso documental, muy revelador y confesional. No hubo – como diría Eric Clapton -, para su existencia “la lluvia sanadora”, salvífica que se hubiera merecido.

Paula Montes

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FICHA TECNICA

Diana en primera persona, (“Diana in her own works”), Reino Unido 2017. Dirección: Tom Jennings (largometraje basado en numerosos materiales inéditos recopilados por la National Geographic).

La vida, pasión y muerte de Diana ha sido registrada recientemente por otros dos documentales televisivos: “Diana nuestra madre: su vida y su legado” de Ashley Gething, y “Lady Di. Diana, 7 days” de Henry Singer.

Hoy por hoy, con la perspectiva que da el pasaje del tiempo, ¿no se le debería dar un lugar en la pantalla grande?

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