“Roslik y el pueblo de las caras sospechosamente rusas”

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Evocación de la ominosa muerte de Vladimir Roslik y su entorno. 

 El film documental Roslik y el pueblo de las caras sospechosamente rusas”, del realizador debutante en el largometraje, Julián Goyoaga, es en verdad conmovedor hasta las lágrimas, en el modo que se van plasmando las consecuencias de un tema ominoso, el del secuestro y asesinato de un joven médico, Vladimir Roslik –“el último muerto de la dictadura”-, que residía en el pequeño pueblo de San Javier.

Hijo de la oleada migratoria rusa, que se asentara y fundara hace cien años, la colonia agrícola de San Javier, en el departamento de Río Negro, - como muestran las imágenes de archivo -; este descendiente llamado Valodia (en lengua rusa), nacido en una familia de escasos recursos económicos, realizó en Moscú sus estudios universitarios, menos onerosos o costosos que en la Universidad de la República Oriental del Uruguay, debido a su ascendencia eslava. Obtenido el título de médico, Vladimir decidió volver a su terruño, y de este modo ejercer su profesión en el suelo que lo viera nacer.

En ocasiones, los vecinos entablan diálogos con Valery, su joven hijo, que se dedica a la música (batería), sereno, introvertido, muy reflexivo, que en la situación clímax del homicidio paterno fuera un bebé, y a quien le contarán anécdotas acerca de su padre, alguna refiere a que si era necesario se trasladaba en bicicleta para no dejar de atender a todos los vecinos enfermos, que requerían de su atención médica, en una actitud muy humana, de una inmensa responsabilidad y solidaridad respecto de los más necesitados, poseedor de una gran vocación de servicio respecto del prójimo.

Si bien el documental se abre con imágenes que muestran la colocación de la piedra fundacional, en un lugar que tiene por finalidad, erigir un Hogar de ancianos, que llevaría el nombre de Valodia, por momentos retrocede, avanza, se centra en el presente de la familia, y su relación con el pueblo, en una suerte de puzzle.

Los militares de la dictadura uruguaya (1973-1985), en los años 1980 y 1984, sólo porque sus pobladores eran de origen ruso, detuvieron su mirada “absurda”, inquisitiva en San Javier, y en personalidades que se destacaban y pudieran tener incidencia, influencia dentro de la comunidad; el médico Roslik era – entre otros -, uno de sus objetivos.

Roman Klivzov, que en el presente fílmico ejerciera como profesor de matemáticas, y fuera anteriormente director del Liceo, fue uno de los agonistas que pudieron sobrevivir a las torturas padecidas, y así poder explicitar, dar el testimonio valiosísimo en el contexto documental, de esos tiempos de oscuridad y oprobiosas atrocidades cometidas.

Lejos, muy lejos, estaban los habitantes y/o pobladores de la colonia, de ser conspiradores, terroristas o subversivos.

 

El diario vivir estaba señalado por el trabajo, las labores, y por el mantenimiento por supuesto, de las tradiciones festivas que habían heredado de sus mayores.

 

La esposa de Vladimir, Mary, ha sostenido desde siempre, vivo el recuerdo, la memoria de su marido, - rodeada de infinitud de fotos de su ayer -, junto al hijo de la pareja, Valery; olvidándose de ella misma como persona, mujer de gran temple, fuerza interior, tenacidad y emoción, al punto de llegar a postularse para el desempeño de la alcaldía en mayo de 2015.

 

Pero sufrirá una frustración, un duro golpe, ya que ella y su hijo por problemas de trabajo, - después del crimen -, alternaban su estadía entre Paysandú y San Javier. Expresará con dolor que “parecería no pertenecer a ninguna parte”, ya que no contó con los votos suficientes, en aras de poder realizar en un futuro, amplios cometidos de social importancia para todos.

 

Pero Mary Zavalkin no bajará los brazos, seguirá haciendo el bien desde la presidencia y/o asistencia de la Fundación Roslik, en un pueblo donde hay una calle principal, con una placa conmemorativa que lleva el nombre de su esposo, una policlínica, una plaza para el recreo infantil y un Hogar de ancianos que se concretó. También un centro cultural, nominado Máximo Gorki, que por cinco años estuviera clausurado por el régimen autoritario, que en un principio fuera desmantelado, que cumple con la preservación, la difusión de la cultura de sus ancestros.

Acercarse al presente de ese pueblo, implica reconocer que después de lo pasado, ha quedado fracturado, si bien la conmemoración de los cien años de existencia, apostaría por la unidad, ya que la vida continúa a pesar del sufrimiento y de algunas disidencias.

 

No hay que olvidar que se trata de un pueblo chico, ligado a la historia de un médico visto, señalado como sospechoso, por el solo hecho de haber estudiado y haberse recibido en la Unión Soviética, que sufrirá el martirologio que se quiso ocultar, “etiquetando” su deceso como un paro cardíaco, cuando en verdad - según una segunda autopsia diligenciada por su esposa -, se constatara que su muerte obedecía a terribles apremios físicos, a la tortura padecida durante los interrogatorios a que fuera sometido, a escasos meses de finalizar el régimen de facto.

 

El ocultamiento de un crimen, la violación de un derecho de lesa humanidad como la vida, amerita ser comentado apasionadamente por escritores como Roy Berocay, Roger Rodríguez, que iluminan la triste historia, y sus consecuentes derivaciones en el entretejido social.

 

Fotos, mensajes de audios, recortes de prensa de la época, avalan lo expresado con valentía por destacados periodistas, entre los cuales se visiona a Manuel Flores Mora. Recuérdese la contratapa del semanario “Jaque”, una pieza mayor acerca del tan trágico, impiadoso, luctuoso suceso acaecido en 1984.

 

Con maestría el director para mitigar, atenuar el dolor, apela a la animación respecto a las dos detenciones sufridas por el doctor Roslik, en 1980 y en 1984. En el año 1984 tendrá consecuencias irreparables, irreversibles para la víctima, para su familia, para la colonia de San Javier, para el país y el mundo, ya que solo había ejercido la medicina, haciendo de su tarea o profesión, un verdadero, un muy sentido apostolado plural.

 

Excelente, catártico documental, pero la injusta muerte duele todavía.

Paula Montes

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FICHA TECNICA

Roslik y el pueblo de las caras sospechosamente rusas, Uruguay, Argentina, 2017. Dirección: Julián Goyoaga. Música: Miguel Magud. Fotografía: Andrés Boero Madrid, Germán Tejeira.