“La cordillera”

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Nada es lo que parece: máscaras y rostros

La cordillera” es un film que hace pensar durante y luego de ser visionado, las múltiples interrogantes surgidas, se van multiplicando, y no abandonan fácilmente la mente del espectador. 

Su autoría o realización lleva el nombre del argentino Santiago Mitre, de quien apreciáramos las muy logradas, elogiadas películas como “El estudiante”, “La patota”. En su tercer largometraje, “La cordillera”, se deben destacar sus valiosos rubros técnicos, la fotografía de Javier Juliá, el estrato musical (Alberto Iglesias), la dirección de arte (Sebastián Orgambide), el guión (Santiago Mitre y Mariano Llinás), y un elenco de excelencia, de grandes actores que devienen en personajes únicos, como Ricardo Darín, Érica Rivas, Dolores Fonzi, Gerardo Romano, Paulina García, Rafael Alfaro, Alfredo Castro, Elena Anaya, Leonardo Franco, Christian Slater, Daniel Giménez Cacho, - entre varios más -.

Muy aclamado en festivales como el de Cannes, San Sebastián, Toronto, Santiago, el film argentino merece ser debatido en profundidad.

Hernán Blanco (interpretado con magisterio por el actor Ricardo Darín), llegó a la presidencia de la Nación argentina como un hombre – con escaso historial político -, “invisible”, “común”, “blanco”, son adjetivos que se le adjudican, significantes si los hay, viene de ejercer sin oropeles, con sencillez, la gobernación de Santa Rosa, en La Pampa. Se encuentra en lo inmediato, con la misión de concurrir nada menos, que a una Cumbre Presidencial a realizarse en Chile, junto a otros mandatarios latinoamericanos, con la finalidad de resolver los pasos geopolíticos a seguir en relación a una posible alianza petrolera a nivel de la región continental. Todo un desafío.

Blanco tiene como apoyos fundamentales una secretaria y un asesor, dos personas incondicionales respecto de su quehacer. Pero también tiene una hija, Marina, separada de su yerno, que lo amenaza con develar un plus de dinero público mal destinado, instalando el tema de la corrupción respecto de una muy lejana gestión anterior.

Las imágenes nos muestran un hotel ubicado en un valle, a gran altura, entre los imponentes, casi trascendentes picos nevados de las montañas de la cordillera de los Andes, en el cual se hospedarán las altas jerarquías. De pronto nos adentramos en el conocimiento de las diversas posiciones esgrimidas por los presidentes, y se resalta la ponencia de un muy carismático presidente de Brasil, a quien llaman “El Emperador”, al parecer un gran experto en la conducción de su inmenso país, poseedor de una retórica frontal, presencia, gestualidades, capaces de subyugar a los presentes.

Blanco-Darín, con bajo perfil, escucha con atención a todos los disertantes, y llega a conceder una inesperada entrevista a una inteligente periodista española, en la cual se tratarán temas como la ambición, la dicotomía entre el bien y el mal, se actualizará un sueño de su niñez que se asocia con la presencia de lo diabólico, capaz de destruir al niño que fue. Hace saber que el ejercicio de la presidencia lo entiende como un trabajo o tarea más, en un sentido “marxista”, y de este modo el retrato de Blanco va adquiriendo otro vuelo, en principio más verosímil, menos inexperto.

Hará llegar a su hija para tenerla a su lado, puesto que está padeciendo serios problemas emocionales, la hace ver por un médico chileno, que aconseja como terapia la hipnosis.

La hija ve y explicita imágenes de su niñez muy angustiantes y dolorosas, durante esa primera sesión, pero su padre considera muy enfáticamente que no son verdaderas, y le expresará al médico (pequeña-gran performance del actor Alfredo Castro), que no se proseguirá con ese tratamiento, que por otra parte la libera, ayuda.

Este será un punto de inflexión que hace reflexionar al espectador, y más aún cuando cerca del desenlace la hija pronuncie la palabra “asesino”.

Infinitas preguntas sin respuestas se van presentando. Hay una cierta relación un tanto indescifrable entre la vida pública del presidente, con sus consabidas estrategias e intrigas, y la vida privada, familiar, que conlleva oscuridades que remiten al pasado, nada banales y que afloran en el presente. Parafraseando a un poeta uruguayo, “las palabras no entienden lo que pasa”, existe una gran cuota de enigmas en el contexto de la relación padre-hija, que provienen del ayer, que se presentifican imprevisiblemente.

Blanco será elegido por un delegado que vendrá de Estados Unidos, - un singular personaje -, quien presiona hasta poder obtener una reunión secretísima con el mandatario. Una escena que tendrá gran incidencia en el devenir fílmico.

Si en la última reunión de la cumbre, el suspenso es protagónico, el voto de Blanco también adquiere o alcanza esa dimensión.

Se ha clasificado al film como un thriller político-psicológico, ya que sin lugar a dudas el drama por el poder es lo más significativo, lo más emergente. Lo que se dice y lo que se oculta, las conflictivas interioridades, crueldades, avatares del interjuego político, del poder a secas, las latentes traiciones, las cínicas e hipócritas deslealtades, las muy siniestras oscuridades, hacen de este film un opus insoslayable, que por momentos nos retrotrae a la pluma del eterno bardo isabelino.

Santiago Mitre – el director -, la definió como “una película acerca de cómo se construye el poder desde el poder”, y de cómo se van invadiendo otros vínculos más íntimos.

También la crisis psicológica de Dolores Fonzi se digita desde el poder, con sus secuelas morales, éticas que quedarán flotando interrogativamente por y para siempre.

Después de la última votación crucial, se proseguirá con el perfecto protocolo, ya plasmada la complejidad mayor en todos los matices posibles, por un cineasta muy singular, notoriamente distintivo, genuinamente autoral.

Paula Montes

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FICHA TECNICA

La cordillera, Argentina, Francia, España, 2017. Dirección: Santiago Mitre. Guión: Santiago Mitre, Mariano Llinás. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Javier Juliá. Elenco: Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Érica Rivas, Gerardo Romano, Paulina García, Alfredo Castro, Daniel Giménez Cacho, Elena Anaya, Leonardo Franco, Christian Slater, Gabriela Pastor, Rafael Alfaro.

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