“Niña de ojos azules”, sutil y vibrante

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Dos escritores, uno de ellos es un hombre de ciencia, son los responsables de la obra “Niña de ojos azules”, que acaba de estrenar Telón Rojo en su sala de la calle Soriano. 

El británico Oliver Sacks (1933-2015) fue considerado «uno de los grandes escritores clínicos del siglo», de acuerdo al The New York Times. Este neurólogo se dedicó a investigar aspectos específicos de su profesión, como la sordera, los efectos de la música, el conocimiento, aspectos neurológicos que afectan el comportamiento y, entre otros, la ceguera.

Por su parte, otro escritor y hombre de teatro, Brian Friel (1929-2015) de origen irlandés, fue el que convirtió la historia de Molly Sweeney en una obra de teatro. Tomando como base para su formulación teatral los escritos de Sacks, la historia de Molly está basada en un caso real que atendió el neurólogo y que su impronta fue suficiente motivación para que Friel lo convirtiera en un texto dramatico de calidad y calidez, donde el tema de la ceguera es central, y donde el espectador es conducido por caminos muy poco transitados que esa discapacidad lleva implicito.

Esta historia, en traducción del director de la puesta en escena, Jorge Denevi, se sirve de esa peripecia convocando a tres personajes, Molly (Leticia Scottini), la joven mujer no vidente, su marido Frank (Rogelio Gracia) y el médico optalmólogo Rice (Ricardo Beiro) encargado de sacarla de la oscuridad mediante una operación.

La trama de la obra reside en esa “operación” de recuperación de la vista a la que se someterá Molly, y en un entorno que no siempre es como aparenta en primera instancia, revelando casi como en un recurso de novela negra, una trama oculta y de difícil visibilidad.

Todos los personajes viven esa dualidad de manera paulatina, revelando, como decíamos, un lado más oscuro y por momentos dramático.

En el planteo, el destaque que tiene el personaje de Molly es exepcional. Es ella la que tiene sobre sus espaldas el crecimiento de la historia, y es sobre la no vidente sobre la que debemos advertir una y otra vez, para entenderla.

La actriz Leticia Scottini tiene una ocasión deslumbrante en poner en escena a esta Molly, ciudadana de un mundo distinto, en tránsito hacia una “rehabilitación” perseguida por la ciencia, en el Dr. Rice y desde el amor por su marido Frank.

Scottini desarrolla a plenitud este personaje generando mundos sutiles y dispares, convocando al espectador a conocer a fondo a Molly, alli, tan cerca del espectador y tan lejos en el reflejo teatral. Verdadero y excelente trabajo de esta actriz que convece y llena de emoción a la platea.

El marido Frank acompaña y genera la dualidad en que vive Molly, ese mundo personal y el otro, el de todos, en que vive Frank articulado con solvencia, credibilidad y energía por Gracia.

El Dr. Rice padece de los dobleces que muchas veces la vida genera más allá de intenciones, Rice advierte, quiere convertir a Molly, en el hecho reivindicativo de una carrera profesional en declive próxima a la desaparición. Natural, profunda y contenida es la actuación de Beiro en el papel de Rice.

Se destaca el sutil acompañamiento musical, siempre atento a convocar y contener la escena.

Denevi da muestras una vez más de la solvencia con que hace mover y decir a estos personajes en un espacio que multiplica a traves de espejos y planos elevados, dando movilidad a este drama presentado con solvencia, calidad y una necesaria dosis de contención frente a un tema poco recurrido desde la ciencia y el teatro.

Daniel Rovira Alhers

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