"Las criadas", atmósfera absolutamente mágica

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En ‘Las criadas’, Genet da una visión verdaderamente atormentada de las relaciones humanas (no olvidemos que el autor fue incluido muy pronto como uno de los máximos exponentes del existencialismo). 

La acción se desarrolla en el dormitorio de una señora de clase acomodada. Al comenzar la obra, una criada está ayudando a vestir a su señora. Pero ésta, en realidad, es Clara, una de las criadas, haciendo el papel de una falsa señora, y jugando a serlo con su hermana -la otra criada-, Solange. A partir de ahí, todo sucede en un medio que fluctúa constantemente entre la realidad y la apariencia.

Clara y Solange adoran y odian a la vez a su señora y sus relaciones con ella están llenas tanto de insultos como de adulaciones. La Señora, por su parte, mezcla su desprecio y hasta su odio con un sentimiento paternalista hacia las dos criadas que le hace oscilar entre la falsa generosidad (“…Tienen suerte que les regale vestidos. Si yo quiero uno, tengo que comprármelo”), y el constante abuso de poder frente al débil (“La humildad de su condición les ahorra muchas desgracias”, les dice a las hermanas en algún momento). En realidad, sus complejas relaciones están atravesadas por el resentimiento, el dominio, el rencor e, incluso, por el masoquismo.

En ‘Las criadas’, como en muchas otras obras de Genet -‘Estricta vigilancia’ (1949), ‘El balcón’ (1957), ‘Los negros’ (1959) o ‘Los biombos’ (1961)-, utiliza el cambio de papeles y la inversión entre el bien y el mal, como técnicas para subrayar la falsedad de los valores sociales y políticos imperantes en las relaciones humanas.

La versión de Raquel Diana ha sido muy respetuosa con el texto original. Daniel Romano tuvo gran acierto en la elección del reparto. Desde su lugar de director le ha dotado a esta obra la sensibilidad que traspasa las fuerzas y las debilidades de cada actriz.

Alondra Portela, Rosa Simonelli y Susana Grosman -las tres actrices que dan vida a Clara, Solange y a La Señora- bordan sus personajes y los construyen dotándolos de una atmósfera absolutamente mágica y creíble. Escucharlas, seguir en detalle sus movimientos en escena y apreciar tan de cerca sus gestos, sus silencios, sus dudas, sus temores, constituye, de verdad, una muestra de talento. El juego, la valentía y la apuesta fuerte son aspectos de los que no debe prescindir nunca el teatro. Romano supo pautar de a poco el clima que envuelve a esas vidas hasta su estallido final.

Hoy Las criadas está cumpliendo 70 años y esta puesta es su mejor homenaje.

Recomiendo.

Teatro La Gringa. 18 y Yi.( Galería de las Américas) Viernes 21 horas.

María Rosa Carbajal

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