Cate Blanchett, actriz y embajadora de buena voluntad de ACNUR ante el Consejo de Seguridad. ONU/Manuel Elias

 

La embajadora de buena voluntad de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) Cate Blanchett, relató al Consejo el dolor y la necesidad de la población rohinyá, de los que fue testigo durante su visita a los campamentos de Bangladesh, donde ahora se albergan unas 900.000 personas de la minoría musulmana de Myanmar.

 

“No estoy aquí para hablarles como una experta, pero sino sólo como testigo. Como una persona que ha visto y ahora no puede desviar la mirada”, aseguró Cate Blanchett ante el Consejo de Seguridad este martes, en una reunión para discutir sobre la situación de los rohingyás en Myanmar, a un año de que estallara la violencia y el éxodo masivo.

La embajadora de buena voluntad de ACNUR describió historias desgarradoras, entre las que se encontraban la de una mujer cuyo esposo fue secuestrado, su aldea fue quemada y tuvo que huir con su bebé, escondiéndose en el bosque y sobreviviendo de lo que podía encontrar hasta llegar a Bangladesh. “Cuando me senté a hablar con ella, había un niño detrás de mí jugando. Vi que tenía unas cicatrices terribles en su piernita y pregunté que le había pasado. Su familia me dijo que se había quedado atrapado en las llamas cuando su casa fue quemada”, contó la actriz quien visitó Bangladesh en marzo de este año.

Blanchett agradeció al Consejo por estar unido para resolver la crisis, así como al actual Secretario General, António Guterres, y rindió un homenaje al ex Secretario General Kofi Annan, líder de la comisión que a comienzos de este año estableció las posibles soluciones para que las mujeres, los hombres y los niños de diferentes religiones y etnias puedan vivir en armonía en el estado de Rakhine en Myanmar.

La actriz citó como desde 1978 el mundo ha sido testigo de éxodos parecidos debido a la violencia que sufre esta población en Myanmar y recordó que quedaba mucho por hacer por de parte de la ONU, el Gobierno de Myanmar y la comunidad internacional para evitar que eso siga sucediendo y ayudar a los rohingyás en Bangladesh, que ya ascienden a 900.000.

“Muchas personas en Bangladesh que tienen muy poco, han estado ayudando a los rohinyás durante todo este año. Si gente con tan poco puede ayudar, ¿ por qué nosotros no podemos hacer más?”, dijo, y resaltó que los refugiados necesitan más que alimentos, agua limpia, un techo y educación , “ellos necesitan un futuro”, expresó.

Si gente con tan poco puede ayudar, ¿ por qué nosotros no podemos hacer más?”,

Blanchett aseguró que muchos de los refugiados con los que conversó consideran Myanmar como su hogar, pero que tienen un miedo “real y profundo de regresar”.

“La negación de sus derechos de libertad de movimiento, de casarse, de trabajar, de recibir atención de salud y educación los pone entre los más vulnerables del planeta. Los refugiados regresan a casa cuando es seguro hacerlo y los rohinyás no pueden regresar en las mismas condiciones de las que se vieron obligados a huir”, dijo.

Agregó que esta población no podía conformarse con soluciones “a medias” y que necesitaban de un camino “claro” hacia la ciudadanía, algo que no es un lujo, sino un derecho básico que los rohinhyás no pueden disfrutar.

“Le ruego a este Consejo que no se olvide esto, y que apoye todos los esfuerzos para hacerlo realidad. Mientras tanto necesitamos más cooperación de la comunidad internacional para satisfacer las necesidades más urgentes en Bangladesh”.

La embajadora de buena voluntad cerró su discurso diciendo que era imperativo cambiar el futuro de esas personas a las que escuchó durante su visita y que no había atajos ni alternativas.

“Le hemos fallado a los rohinyás antes, por favor no permitamos que esto vuelva a suceder”, concluyó.

No hay compromiso para invertir en el retorno de los rohinyás

 

 

En una investigación de un año, la Misión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre Myanmar encontró patrones de graves violaciones de derechos humanos y abusos cometidos en los estados de Kachin, Rakhine y Shan que "indudablemente equivalen a los crímenes más graves del derecho internacional", principalmente por el ejército de Myanmar, conocido como Tatmadaw.  

El Secretario General de la ONU, António Guterres, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim (en el centro), y el alto comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi (a la derecha) hablan con una joven refugiada rohinyá en Cox's Bazar. 

Así lo afirma el secretario general adjunto de la ONU para los derechos humanos, después de visitar a la población rohinyá en Bangladesh durante cuatro días.