Se dice que las tres cuartas partes de los mayores conflictos en el mundo tienen una dimensión cultural destructiva del espíritu humano. 

Irán cuenta con 60 días para salvar el histórico acuerdo nuclear de 2015, luego de la decisión del presidente Donald Trump de retirar a Estados Unidos de ese tratado. 

El mundo necesita de gobernantes éticos que ofrezcan resultados concretos y tangibles para sus ciudadanos, especialmente para aquellos más vulnerables, con activos esperanzadores y sin recortes en gasto social. 

Me gustan aquellos gentíos que son dueños de sí mismos, que no juzgan y tienden manos, aquellos que miran a los demás sin etiquetas, con la mirada del consuelo y las lentes de la generosidad, porque actuando así se construye un mundo más habitable y humano. 

Cuidado con los rompedores de raíces, con los que fracturan y despedazan pueblos y naciones, con aquellos que dividen y siembran odio por doquier, pues únicamente desde la unidad se puede abrazar el mundo, trabajando por el bien colectivo. 

El ser humano tiene que despertar y hacer posible un mundo libre y responsable. No puede fermentar esa tensión de aborrecimiento y venganza por mucho tiempo.  

La identidad humana halla su pujanza en el testimonio, en el quehacer diario que nos trasforma y ensancha el corazón, en la vida misma que nos hace crecer y resistir a las muchas cruces que nos sembramos unos hacia otros, para desgracia de todos. 

Uno de cada cinco niños de países desarrollados vive en la pobreza, y uno de cada ocho sufre inseguridad alimentaria, reveló el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) este jueves.