Lunes, 12 Marzo 2018 16:25

Lo que dejó la marcha

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Lo que dejó la marcha Foto: Archivo.

El pasado 8 de marzo el centro de la ciudad se conmocionó con la presencia multitudinaria de miles de mujeres y hombres que se manifestaron contra la violencia de género y los femicidios. 

Una marea humana se congregó en la Av. 18 de Julio en el Día de la Mujer. La convocatoria había sido realizada a través de una serie de ongs que reclaman por la igualdad de las mujeres y la finalización de la ola de femicidios que vienen teniendo lugar en el país. El mismo día, en la madrugada, moría otra mujer en manos de su ex pareja, que además, último a uno de los guardias policiales que custodiaban a la mujer en su casa.

Pero la marcha, expresión genuina del descontento con que miles de mujeres y hombres asisten a la acción depredadora de vidas humana, también generó polémica.

La primera y más obvia, la cantidad de personas que fueron convocadas. Las cifras son muy dispares, desde 300 mil o más por parte de voceras de las organizaciones convocantes, hasta las más cautas que en el mejor de los casos afirman que fueron 120 mil.

Eso es un detalle menor, lo relevante es el hecho político que genera que una multitud – sea el número que sea, pero masiva- sale a la calle sin convocatoria política partidaria a manifestar en la calle, la congoja, el repudio y el hartazgo que significa las historias de sangre donde son asesinadas las mujeres.

También acapararon la atención el grupo de personas que con pancartas al borde de la calle reclamaban por lo femenino y no el feminismo. A su vez, fue casi unánime el rechazo que generó la acción de unas pocas mujeres que tiraron bombas de pintura sobre la fachada de una iglesia católica.

Además, al femicidio ocurrido el mismo día 8, se sumó otro en el balneario La Coronilla donde una mujer de 30 años, embarazada y madre de varios niños, fue víctima de su ex pareja.

La reflexión se impone. Algo hay que cambiar para mejorar este panorama. No es posible pensar que puede haber efectivos policiales para custodiar las miles de mujeres que hacen efectiva una denuncia policial. Se debe buscar por otro lado.

Entre la cantidad de opiniones que se han escuchado estos días, esta la de establecer un estudio multidisciplinario de los asesinos. Su perfil psicológico, sus historias, sus antecedentes, su potencialidad como depredadores de la vida de otra persona. Eso se puede hacer, y se debería comenzar por ahí. Conocer su perfil, ya que aparentemente no hay nada al respecto, y con ese insumo poder asistir la policía y la justicia de manera más firme en las situaciones que por lo explosivas, puedan derivar en un nuevo asesinato y evitarlo, llegar a tiempo.

Lamentablemente en el mundo este tipo de comportamiento está bastante extendido. Es hora de preguntarnos qué está faltando para llegar antes de que la víctima sea asesinada.

También las instituciones educativas tienen que hacer un gran aporte generando en los menores el rechazo de cualquier práctica violenta sea por el motivo que sea. La violencia debe ser detenida y la educación está llamada a ser uno de los primeros escenarios donde se debe actuar.

Viejo Vizcacha

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