Miércoles, 15 Agosto 2018 11:46

Hijos, ¿comunicaciones rotas?

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Nacer, crecer, desarrollarnos, tener descendencia, morir. 

Casi todos los seres humanos cumplen con éstas etapas. Mas muchas veces cuando los hijos crecen, se hacen adultos y se van de nuestro hogar, se siente un vacío a veces profundo e incoherente.

¿Acaso no se intenta formar hijos para que sean independientes y autosuficientes? Pues señoras y señores, en el fuero interno NO estamos preparados para el nido vacío, pretendemos que siempre dependan de nosotros en una forma u otra. Muchas veces, antes de su partida pensamos: “¿cómo va hacer si yo no estoy a su lado? ¿Quién lo va a cuidar cómo yo?”

Pero se van y nada podemos hacer. Ésta acción no es tan grave, lo que realmente afecta es la pérdida de comunicación, empatía y falta de reconocimiento. Pues casi todos los progenitores tienen la convicción de que “nos deben algo”, atención, mimos, visitas… ¡PRESENCIA!

Ésa presencia que a veces se torna más esporádica, menos cariñosa y en algunas ocasiones casi nula.

Es en ésos casos que los padres, especialmente las madres, se hunden en desasosiego. La incertidumbre se apodera y asalta la pregunta: “¿qué hice mal?”, “¿por qué dejo de quererme?”. Y se sufre, se sufre mucho.

El sicólogo Albero Soler sostiene. "Cuando el padre o la madre se enfrenta a la ausencia de un hijo sin ser consciente de esa relación tóxica que ha provocado la distancia, reacciona con incredulidad o sorpresa. Eso revela una pobre gestión de las emociones de quien debería ser más adulto y una escasa capacidad de diálogo, lo que daña a la gente cercana"

Pues si, muchas veces se generan relaciones que no son competitivas para nuestros adultos hijos, ya no los llenamos, no les interesa mantener un estrecho contacto y mucho menos seguir nuestros consejos o acotaciones.

Y la la inquietud nuevamente nos hace cuestionar nuestra enseñanza, nuestro amor mutuo, nuestras creencias.

¿Qué pasó? ¿Cómo pasó? ¿Quién es culpable?

Nadie padres, nadie. Las cosas como son. Nos debemos a nosotros mismos. Si tenemos insufribles dudas, busquemos el diálogo. Si no nos aporta nada, dejemos que fluya.

Como escribió Kahlil Gibrán: “Tus hijos no son tus hijos, son hijos de la vida misma, deseososa sí misma”.

Sandra Camino Budes

COACH