Viernes, 08 Noviembre 2019 08:54

Imaginando un Presidente

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En pocos días más, tendremos que elegir el próximo Presidente de la República.  

Para los que peinan canas, sigue siendo un momento muy entrañable, que nos sigue recordando la época en que en este país no hubo libertad ni democracia, y votar era algo que hacía años no se podía hacer.

Es por eso que , para los que peinan canas o para aquellos que no vivieron ese período, es bueno recordar que todas las cosas, a veces las más básicas como la libertad, son la consecuencia de procesos que han vivido las generaciones pasadas y que han costado mucho y es necesario recordar y tener presente.

Volviendo, ir a votar el último domingo de noviembre no puede ser un paseo por el barrio viejo en donde vivías antes. Es mucho más. Vamos a elegir la persona que será la conductora del proceso político y la que deberá, en función de sus propuestas de gobierno, conducir la nave en la que todos estamos y que es el destino de la República.

Entonces, bajando de a poco por el tema electoral, es que llegamos al escenario que tendremos que dirimir inevitablemente el domingo 24 de noviembre. Deberemos elegir entre dos nombres, dos representantes no solo de partidos políticos distintos, sino que, además, de proyectos de países distintos, donde los componentes que encierra la política de Estado y las consecuencias directas o indirectas de esas políticas serán, digamos que, compartidas por todos los habitantes.

Es mucha responsabilidad la de ser Presidente. No cualquiera, por más que lo quiera, puede llegar a serlo, menos, diría, llegar a ser un buen Presidente. Ejemplos hay por donde miremos. A veces, los que menos condiciones presentaban han salidos ganadores por causas completamente ajenas o alejadas de la función política; era joven, era simpático, era alto, era bajo... y podríamos seguir enumerando aspectos poco “políticos” de esos hombres que han llevado a sus países por caminos pocos seguros, convertiéndose en una pésima y desastrosa experiencia.

Entonces, podríamos hacernos la pregunta sobre cuáles deberían ser las condicionantes que debería tener un presidenciable. Y pensando en voz alta, empezaría por la experiencia probada en la organización y en la conducción. La capacidad de poder dirigir y zucir aspectos poco amigables que se presentan en la realidad de un país. Que tuviera la cintura necesaria para negociar, escuchar y proponer siempre con respeto por el otro, sabiendo que muchas cosas se pueden negociar, pero no todo, nunca es un cheque en blanco el producto de una negociación: “decí que sí, que después arreglamos”, eso no puede ser aceptado.

Seguiría con el programa político claro, que involucre a todos los uruguayos, que no excluya, que no sancione, que no discrimine, que sea tan amplio como claro en sus objetivos. Y los objetivos, siempre serán los que todos imaginamos: libertad, trabajo, prosperidad, desarrollo, seguridad. Y sobre todo, uno de los componentes que deben estar en nuestra mirada atenta a la hora de elegir, la honestidad, que es la que genera la confianza.

Y conocer las herramientas que va a poner en práctica para poder llevar a cabo los objetivos que mencionamos, siempre con transparencia, sin acuerdos de cúpulas, con todas las cartas a la vista, trabajando frente a todos para que todos podamos conocer y seguir los procedimientos elegidos, sin sorpresas.

Y el menú para formar el candidato podría terminar por ahí. Ese podría ser el perfil del candidato que nos despertara la adhesión, la confianza y el reconocimiento.

Descartaría muchas cosas de la vieja política: el amiguismo, el clientelismo, el acuerdo oculto y de espaldas a la gente, la falta de claridad, objetivos poco creíbles, en fin, es tan larga la lista que no quiero aburrir.

Eso es lo que para mí importa el próximo domingo cuando estemos en el cuarto secreto y tengamos que elegir: claridad, honestidad y experiencia.

Todavía nos quedan unos días. Seguramente haremos algún nuevo apunte sobre el tema. Además, ¿de qué estamos hablando? Son cinco años, pibe. ¿A quien se los vas a dar? No es poca cosa, con cinco años sos mayor, o te has casado, o sos mamá, o te jubilaste, o te convertiste en veterano, ¿entendés?

Viejo Vizcacha