Miércoles, 27 Noviembre 2019 18:07

Después del 24

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Las elecciones se han realizado con absoluta transparencia como corresponde a toda auténtica democracia y la ciudadanía ha dado su veredicto.  

Una fiesta cívica ejemplar y la oposición – tal como se preveía- ha vencido. En forma estrecha pero legítima e incontrovertible. Ahora sólo queda inclinarse respetuosamente ante el/los ganador/es.

Las elecciones se han realizado con absoluta transparencia como corresponde a toda auténtica democracia y la ciudadanía ha dado su veredicto. Una fiesta cívica ejemplar y la oposición – tal como se preveía- ha vencido. En forma estrecha pero legítima e incontrovertible. Ahora sólo queda inclinarse respetuosamente ante el/los ganador/es.

No es el apocalipsis. No es una tragedia griega. No es un drama shakespeariano. No es el fin del paraíso y el comienzo del infierno. Nada de eso. Es un nuevo gobierno que se inicia con un signo ideológico diferente del anterior y por tanto habrá cambios en la política económica, social, cultural y exterior porque así así fue el deseo de una (muy ajustada) mayoría de la ciudadanía. Es lo que se denomina la sana alternancia democrática.

La izquierda ha cometido uno de los peores errores: la arrogancia. No comprender y/o no saber oír el clamor ciudadano que le exigía cambiar el rumbo de algunas políticas (como el caso de la seguridad o el agro) y sería otro error imperdonable decir, “el pueblo se equivocó”. Ese desprecio elitista por la gente es el origen de una idea terrible: una vez que se tiene el poder no hay que dejarlo jamás, por eso no debe haber más elecciones o bien, deben ser manipuladas. Si no se hace esto, el pueblo – en su ignorancia- podría elegir por quienes son contrarios a sus intereses. Ortega, Maduro y Evo Morales (acaso el mejor presidente de la historia de Bolivia) son tributarios de esta concepción. Por fortuna los actuales gobernantes de Uruguay responden a la tradición republicana. La izquierda uruguaya perdió y se va. Punto. Y es paradojalmente en este hecho donde sale victoriosa. De aquí en más nadie la podrá tildar de totalitaria o antidemocrática.

Por otra parte, el proyecto frentista- en cuanto a modelo de país - dio claras muestras de estar agotado. Necesitará hacer autocrítica y renovarse. Es absurdo echarle la culpa a Daniel Martínez por la derrota. Sus yerros – ¡y vaya si los tuvo! – no son suficiente para explicar el resultado electoral. Las causas son variadas y habrá tiempo para analizarlas.

No sé si es el Pato Donald o los Tres Chiflados los que asesoran a Manini Ríos. A su ya famoso e insensato video lo único que le faltó fue la marcha 25 de Agosto como cortina musical Hubo una saludable reacción de rechazo que se reflejó en las urnas.

Y bien, ¿qué decir de la coalición que nos gobernará los próximos cinco años? No tengo la bola de cristal. No puedo hacer futurología. Aunque tengo algunas certezas que puedo demostrar sin demasiado esfuerzo. La primera es que la coalición ganadora no recibe un país destrozado. La economía no es pujante pero, salvo el problema del déficit fiscal, la temida recesión se ha evitado y el país mantiene su grado inversor. Más allá de los discursos preelectorales las cuentas públicas están en orden. Lacalle Pou no es Macri heredando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. No hay ninguna “herencia maldita”. Esto es, por un lado, positivo para los vencedores. No habrá necesidad de reconstruir un país en ruinas sino de mejorarlo. Al mismo tiempo es negativo, porque si esto no se logra las comparaciones con el período anterior serán inevitables y eso tendrá un costo político. Por otro lado, las libertades han sido rigurosamente respetadas. No termina un ciclo autoritario o semiautoritario de corte populista. Así que no será necesario hacer reparaciones de ese tipo.

Sinceramente mi mayor preocupación es el carácter de esta coalición. Porque en su seno hay desde demócratas y liberales de carta cabal hasta partidarios de decretar Medidas Prontas de Seguridad y crear escuadrones de la muerte para combatir la delincuencia, implantar el cinturón de castidad a las mujeres, defensores de la tierra plana y los que dicen recibir instrucciones del Todopoderoso desde los cielos. Los unió el objetivo de sacar al Frente Amplio del poder y lo lograron. Por un pelo. Pero lo lograron. ¿Y ahora…? Ignoro como harán para conciliar intereses tan disímiles para trazar una línea coherente de gobierno.

Sólo espero que prime el sentido común y que Lacalle Pou demuestre pasta de estadista para gobernar con la mitad del país en contra. Por cierto, creo que sería un error muy grave subestimar sus cualidades. Las tiene y no son pocas. De ninguna forma deseo que le vaya mal. Eso sería infame porque le iría mal a Uruguay. Y si le va mal al país – la historia es implacable en este sentido - los que más sufrirán serán los más débiles.

Solo espero que no se tomen decisiones importantes en base a fanatismos de cualquier tipo, ideológico/moral/religioso.

Sólo espero que Uruguay no pierda o comience a perder su bien preciado que son sus libertades.

Jorge Chagas – Politólogo - Escritor