Martes, 12 Septiembre 2017 11:09

Seguridad: VAMOS PERDIENDO

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Hace unos días, le contaba a un amigo que estaba escribiendo este artículo y, al darme sus opiniones en el intercambio, también me dio el título del artículo: Vamos Perdiendo. 

Es que por más que se les quiera buscar la vuelta, los datos de criminalidad que se manejan están lejos de poder ser considerados como satisfactorios. Por más que digan que las rapiñas descendieron a nivel nacional fundamentalmente por los números en Montevideo y Canelones, el mismo tipo de delito aumentó en el resto del país.

¿Cómo considerarlos satisfactorios cuando un día sí y otro también asistimos a noticias de propios y extraños que sufren situaciones de inseguridad con actos cada vez más violentos? Cómo hacerlo cuando las situaciones que conocemos provocan que ya no nos llame la atención cuando las noticias son del estilo “robaron comercio y mataron a su dueño de un disparo en la cabeza”; “murió tras caer al ser arrastrada desde una moto para robarle la cartera”.

El Ministerio del Interior ha ensayado algunas estrategias de combate al delito y, en ese sentido, el Programa de Alta Dedicación Operativa es su instrumento favorito para responder a los delitos que se cometen en áreas críticas de Montevideo, Canelones y San José. Si bien es cierto que este instrumento parece estar dando resultados parciales en las zonas en que se aplica, al mismo tiempo ha significado vaciar las comisarías que son el actor microterritorial de la Policía, quien históricamente ha mantenido el vínculo de cercanía con la ciudadanía, posibilitando prevenir y atacar el delito en alianza con la misma que al fin de cuentas es quien debe beneficiarse.

Ese abandono del vínculo con las comunidades por parte del MI, lleva a que éstas se organicen para encontrar soluciones a los problemas de seguridad en su barrio/pueblo/zona. Así, nacen los grupos de vecinos que en varios barrios de Montevideo, zonas de Canelones y otras partes del país encuentran estrategias trabajando con sus pares, con instituciones locales públicas (incluso con algún que otro Comisario) y privadas, demostrando que el vínculo de cercanía en la comunidad puede jugar un rol clave también en el desarrollo de políticas de seguridad sustentables.

En tanto el gobierno decida seguir por el mismo camino por el que ha venido transitando, el de empecinarse en aplicar sus instrumentos de espaldas a la ciudadanía, a sus necesidades y a sus formas de organizarse y cooperar, entonces seguiremos perdiendo.

Estoy convencido que el combate a la delincuencia y la instalación de una política de seguridad sustentable es un asunto sumamente complejo en el que nadie tiene la “sellada”, por lo que es indispensable por lo menos revisar el paradigma desde el cual nos posicionamos y encaramos el tema.

Continuar circunscribiendo la seguridad exclusivamente a lo delincuencial, hará que sólo se piense en la trayectoria prevención-represión-rehabilitación y eso hasta ahora no está dando resultados. Prueba de ello es que al final del camino sólo 33% de quienes han estado privados/as de libertad, no vuelven a delinquir.

Esa trayectoria debe incorporar acciones de convivencia ciudadana que consoliden la configuración de límites que, de ser transgredidos, impliquen sanción. Al compartir y crear con otros (mis vecinos) crece la idea de corresponsabilidad que supone asumir que se es responsable por lo que se hace (lo malo y lo bueno); se incorpora la noción de inclusión, en tanto asegurar que en una sociedad no exista alguien que sobre; y como aderezo, vendría bien una pizca de buena tolerancia para permitirnos la posibilidad del reaprendizaje, la reparación del daño, para sumar al concepto de rehabilitación.

Como sociedad debemos revertir la tendencia, instalar otra forma de construir políticas en materia de seguridad y le toca al actual gobierno liderar ese proceso; le quedan 2 años. Vamos perdiendo, pero todavía queda tiempo.

Juan Carlos Rodríguez

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