“Cualquier análogo a nosotros es una escuela de vida”. 

“¡Ay los vicios humanos!; Son ellos los que nos matan”. 

“Contra el poder de avasallar, el deseo de hacer justicia”. 

Nos corresponde hacer del mundo un lugar para todos”. 

Pienso que vivimos un momento en el que es necesario llevar adelante una gran revuelta, sobre todo en lo que se refiere a la estima de todo ser humano.

Todos los continentes del mundo entero deben trabajar unidos en el diseño de acrecentar la esperanza de sus moradores, con la fortaleza del tesón y la constancia, con políticas sociales enhebradas a la poética del esfuerzo, y con el empuje de compartir el sueño de la transformación que no puede detenerse, ante el cúmulo de injusticias y violencias que soportamos. 

Tenemos que ser más sensibles al dolor de nuestros análogos, máxime en un momento en el que proliferan tantas víctimas sin voz, en un mundo cada día más crecido por las falsedades y el endiosamiento de los poderosos.

Tenemos que limpiarnos de nuestras miserias, si en verdad queremos alentar la esperanza en nuestras vidas. 

Me entristece la mirada de tantos indefensos que caminan desorientados por este mundo insensible, que permite el sufrimiento de los niños, la soledad de los mayores, o las barbaries entre inocentes. 

Es hora de que los líderes del mundo se impliquen en pactar, en entenderse, en llevar a buen término su compromiso de servicio, de respeto, protección y garantía de los derechos humanos, más allá de la letra impresa en sus programas de gobierno. 

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