Las nuevas generaciones deberán tener una visión más universal y comprensiva, mediante el activo de un empuje más auténtico y solidario, si en verdad se quieren combatir las graves e injustas divisiones que puntean hoy el astro. 

Tenemos que desmontar las potencias del mal, como siempre aglutinadas en torno al ídolo del dinero, y hemos de hacerlo, antes de que éstas nos trituren el alma y nos impidan seguir caminando por la vida. 

Es tiempo de remontar obstáculos, de poner sabiduría en todas las acciones, de actuar conjuntamente por todos y para todos. 

Hubo un tiempo en el que todo era poesía,  

La realidad en las últimas décadas ha cambiado tanto que ha afectado también a nuestro estilo de educación. Cito algunos de estos cambios: 

Si la desigualdad que impera hoy en el mundo está profundamente relacionada con esa cultura interesada del privilegio, también nos acorrala un fuerte deseo de dominio, por parte de los poderosos, para impedirnos unir voces y poder transformar el mundo, en un espacio más de todos y de nadie en particular. 

Por tanto, es hora de liberarnos de este egoísmo mundano y de pensar en otro estilo de convivencia más desinteresado, porque al fin de nuestra existencia lo que vale no son las propiedades aglutinadas, sino la ejemplaridad de nuestro camino, y con él, nuestro testimonio y nuestras andanzas. Ojalá aprendamos a sentir y a concertar las palabras con la mente y el corazón. Seguramente, entonces, no dejaríamos que más de dos millones y medio de recién nacidos fenezcan anualmente antes de poder alcanzar su primer mes de vida y, de ellos, un millón fallecerá el mismo día que nacen, especialmente en esos países, a los que aún le falta una asistencia sanitaria asequible, una alimentación apropiada y el consumo de agua potable. Ya está bien de que una buena parte de seres humanos caminen penados por un planeta, mientras un grupo de predilectos dominantes lo derrochan todo y apenas comparten nada.

Realmente me cansa esta cárcel mundana, pues es un laberinto injusto, en medio de tantas atmósferas putrefactas que agreden y desprecian a la persona más vulnerable. Resulta impresionante constatar este cúmulo de maldades que verdaderamente nos roban hasta las lágrimas. Desgraciadamente, nos hemos acostumbrado a vivir enrejados en nuestro egoísmo altanero de los excesos superfluos, hasta el punto de no acertar a discernirse asimismo, sobre cuál es el verdadero corazón y cuál es la máscara. Deberíamos encontrar ese verdadero itinerario de amor, y aprender a cultivarlo día a día, lejos de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia que nos invade y gobierna por doquier rincón del planetario. Creo que ha llegado el momento de que recapacitemos como especie pensante y veamos la manera de confluir culturas que alienten hacia la autenticidad de todo caminante. De entrada, ahí van a estar los datos que nos van a indicar si los esfuerzos de desarrollo a nivel mundial se dirigen a los pobres y a las comunidades más sensibles y marginadas. Sea como fuere, no podemos pensar en clave apocalíptica, estamos obligados a leer la realidad y a plantarle cara con nuevos replanteamientos de nuestros modelos económico-sociales.

Quizás sea tiempo de pararse y de reflexionar, de correr menos por este laberinto del mundo, ya que la misma velocidad nos confunde y nos atrofia. A propósito, ya en su tiempo el escritor sueco Johann August Strindberg (1849-1912), decía que: “cuando se tienen veinte años, uno cree haber resuelto el enigma del mundo; a los treinta reflexiona sobre él, y a los cuarenta descubre que es insoluble”; y, ciertamente así es, pero no podemos dejar de alimentar la esperanza, y para ello, es primordial que la sensatez nos aliente, al menos para volvernos más compasivos con nuestros análogos. En la actualidad, precisamente, la bioética se entronca como algo decisivo en la disputa entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. No olvidemos que el ser humano crece cuando progresa interiormente. Es desde esa hondonada espiritual como se trabaja por el bien de todos. En este sentido, las diversas religiones pueden hacer mucho bien a la humanidad, siempre y cuando no sean manipuladas, sacándolas de contexto, para favorecer luchas y enfrentamientos. Por ejemplo, el anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como Padre nuestro. Partiendo de esta concordia es como se fraterniza todo, mediante caminos cooperantes de encuentro y reconciliación.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor/España

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El mundo necesita de gobernantes éticos que ofrezcan resultados concretos y tangibles para sus ciudadanos, especialmente para aquellos más vulnerables, con activos esperanzadores y sin recortes en gasto social. 

Este febrero ha venido movidito y por varios lugares. A lo tradicional que es el carnaval, se ha sumado el tema de los autoconvocados del agro, la situación de los uruguayos que viven en el medio rural, la posición y respuesta del gobierno, entre otros etcéteras que se podrían agregar, por ejemplo, ¿cómo hago que me rinda este tema para mi chacrita?, como ha pensado más de uno. 

Tenemos que volver al corazón de la poesía para ejercitar el deporte del entendimiento, para pintar murales de amor que nos injerten armonía, y para poder viajar hermanándonos a golpe de latido. Hemos de salir con urgencia de este calvario de crueldades que nos dejan sin alma. 

Nunca es tarde para reconducir existencias y, por ende, también podemos reinventarnos otro orbe más humano y habitable. 

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