El mundo necesita de gentes de compromisos verdaderos, para que puedan mejorar las condiciones existenciales de todos; también de otras políticas más transparentes que luchen contra las injusticias y la corrupción, así como de líderes que alberguen en sus corazones la lucha por la dignificación de todo ser humano, máxime en un momento en el que abundan tantos sembradores de odio. 

El ser humano está llamado a interrogarse cada día sobre su propio futuro; y, como ser libre y cumplidor, a cooperar y a colaborar responsablemente con sus análogos.