Lunes, 11 Marzo 2019 11:27

Artigas y Ansina en la novela histórica

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El poder de la novela histórica es fascinante. Hay una célebre anécdota.  

En un capítulo de “La Novela de Perón” de Tomas Eloy Martínez (1934-2010), la actriz Eva Duarte conoce al entonces coronel Juan Perón en un festival de apoyo a las víctimas del terremoto de San Juan. Ella le entrega una esquela que dice: “Gracias por existir…” Estas tres palabras conmoverán profundamente a Perón y serán las que desencadenarían el famoso romance. Muchos años después Eloy Martínez fue entrevistado sobre este capítulo de su novela y confesó que había sido una invención suya. Evita nunca le entregó esa esquela a Perón. A los pocos días, un comunicado de la rama femenina del peronismo rechazó tajantemente las palabras del escritor y señaló que no iban a permitir que se le faltara el respeto a la memoria de Evita. El invento mató al inventor.

En Uruguay la ficción literaria también ha interactuado con la realidad. “Bernabé, Bernabé”, publicada en 1988, de Tomás de Mattos (1947-2016) provocó intensos debates – que se extienden hasta el presente – sobre el terrorismo de Estado, la obediencia debida y nuestra identidad racial. Lo cierto es que en los años ochenta – en la posdictadura -la novela histórica uruguaya interpeló fuertemente al discurso oficial y las tradiciones.

¿Y sobre Artigas y Ansina? En la novela “Hombre a la orilla del mundo”, publicada en 1988, el escritor Milton Schinca (1926-2012). En ella Artigas -al que nunca se menciona por su nombre- lleva en su exilio paraguayo una existencia rutinaria. En ningún momento hay referencias a su acción como jefe revolucionario. Tampoco se menciona jamás a Ansina.(Hay una curiosa referencia, en un recuerdo de su niñez, cuando observó que los esclavos le enseñaban pasos de baile ¿candombe?, a su madre). Toda la trama se remite al presente, donde Artigas debe lidiar con un vecino bastante desagradable, la lucha diaria por la subsistencia y cierta nostalgia por su tierra natal. Lo más interesante de esta novela es que por primera vez en la ficción que se muestra al prócer haciendo el amor. Toda una osadía literaria. Hasta ese momento ningún escritor uruguayo se había atrevido a tanto. Este detalle humaniza más aún al héroe, alejándolo del mármol.

Un caso particular es “Memorias de Ansina”, publicado en 1993, de Diego Bracco, profesor de historia, ensayista e investigador, que usa un “viejo truco” literario: comienza la narración explicando que tiene en su poder un manuscrito de Ansina que se salvó de la destrucción ocasionada por la Guerra de la Triple Alianza. Ese manuscrito escrito de puño y letra por Ansina, relata diferentes peripecias del personaje. Desde un cura que lo cristianiza y le enseña a leer y escribir ( y le da la esperanza que algún habrá un mundo sin amos y esclavos) hasta como Artigas lo salva de ser fusilado por un crimen que no cometió. Bracco usa documento auténticos para darla más verosímil la narración.

El otro caso es “Artigas Blues Band”, publicada en 1994, de Amir Hamed desde una perspectiva posmoderna. De difícil lectura la obra de Hamed no pretende reconstruir un pasado sino dinamitar la historia “mediante un procedimiento poco convencional desde la perspectiva de la nueva novela histórica local : Artigas renace de sus cenizas en el mausoleo que la dictadura le ha construido. Lo acompaña, como un fantasma, su fiel asistente Ansina”, como explica el crítico literario Alejandro Gortazar.

Por cierto que existen diferencias sustanciales en la apuesta estética de ambos texto. La novela de Bracco es tímida, aunque irónica. La de Hamed es osada e irrespetuosa con la Historia y asume con comodidad la narración del mito ; ambas novelas discuten los relatos oficiales y generan las condiciones de posibilidad para resituar a Ansina en la conciencia letrada.

Un cuento titulado “El General y su sombra” publicado por Cuadernos de Marcha (3ra. Epóca.2000) en dos partes, de Napoléon Bachino, retoma la cuestión del exilio del prócer en Paraguay. Bachino muestra un tenso diálogo entre Artigas y su hijo legítimo José María que intenta convencerlo de regresar al país. Artigas es aquí un hombre amargado por la derrota, que no puede olvidar la mirada de su amante Melchora Cuenca cuando partió al exilio. En ese diálogo está presente Ansina que en voz baja va relatando los momentos más importantes de la gesta artiguista: la Redota, Purificación, el sitio de Montevideo. Al final del relato, Artigas se pone de pie ayudado por Ansina y al quedar los dos abrazados, a su hijo le parece ver a su padre con su sombra, inseparable.

Por cierto que aún no está todo dicho en cuanto a creación literaria de nuestro pasado decimónico. Lo que realmente importa es que nuestro héroes, al fin, son de carne y hueso, falibles, frágiles y mortales. Y por ello, mucho más interesantes. Es la magia de la literartura.

Magister Jorge Chagas