Miércoles, 28 Noviembre 2018 15:53

ANSINA: MITO Y REALIDAD HISTÓRICA

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Hace unas semanas atrás el Poder Ejecutivo resolvió nombrar a Joaquín Lencinas/Lenzinas, más conocido como Ansina, Comandante de las Milicias de Libertos Artiguistas.  

Una buena oportunidad para analizar históricamente la figura del legendario soldado negro que acompañó a José Artigas aún en los momentos de derrota y soledad. Lo más interesante e incluso, importante, es comprender como surgió su figura en la Historia Nacional, cómo y cuándo aparece su imagen como “cebador de mate” de Artigas, el porqué de las confusiones con su verdadero nombre y apellido, y también, un tema nada menor, su condición o no de “hombre letrado”, capaz de componer poemas donde relata su vida (nacido esclavo, aguatero, marinero por engaño, nuevamente esclavo, más tarde liberado por Artigas y finalmente, su fiel ayudante).

El primero que mencionó a Ansina, incorporándolo a los avatares de la gesta artiguista, fue Isidoro de María (1815-1906) un cronista de época que estaba casado con Sinforosa Navarrete Artigas (hija de Francisca Artigas, prima hermana del Prócer) y su hermana María Josefa – Misia Pepa – era esposa del único hijo legítimo de Artigas, José María. La escena que relató Isidoro de María es muy conocida por sucesivas generaciones de uruguayos: En el año 1820 Artigas ha sido vencido y tras cruzar el río Paraná le anuncia a sus exhaustas tropas que se irá al Paraguay. En ese momento un hombre de raza negra toma la palabra y le dice “Mi general, yo lo seguiré hasta el fin del mundo”.

El 1 de julio 1846 apareció en el diario “El Constitucional” de Montevideo que dirigía Isidoro de María. El artículo estaba firmado por “Un Oriental”, pseudónimo tras el que presumiblemente se escondía José María Artigas, hijo del prócer, quien lo había visitado aquel año. El texto afirmaba que aún en su desgracia Artigas es acompañado por un “hombre de la más oscura condición” con quien comparte el pan como hermano. Ahora bien, durante una parte importante del siglo XIX Artigas era mala palabra. Se lo asociaba a la “barbarie” y la anarquía. “Sos más malo que el viejo Artigas”, era un rezongo muy común en la época. Con el inicio de la modernización del país y la imposición de la autoridad del Estado, durante el denominado Período Militarista (1860-1886), comenzó la revalorización de la figura de Artigas.

En la consolidación del culto artiguista lo simbólico jugó un rol fundamental. Los cuadros de Juan Manuel Blanes (1830-1901) ayudaron a fijar en la conciencia colectiva tanto las imágenes de los héroes patrios (Artigas en la puerta de la Ciudadela), como episodios cruciales de nuestra historia (el desembarco de los Treinta y Tres Orientales). En 1919 Pedro Blanes Viale (1878-1926) pintó un óleo en que muestra Artigas dictándole una carta a su secretario José Benito Monterroso (1780-1838). A un costado, en una posición inclinada - ¿sumisa? – hay un hombre negro preparando un mate. ¿Este fue el inicio de la concepción de Ansina como un “cebador de mate” de Artigas? Obsérvese que en los relatos de Isidoro de María y de José María Artigas, la cebadura de mate no está presente. Parece plausible que esta fue una creación posterior al ingreso de Ansina en la historia patria

Es verosímil suponer que la sociedad que empieza a venerar a Artigas como nuestro máximo héroe tenía fuertes prejuicios raciales y no podía concebir la idea de un hombre negro en una posición relevante. Para ellos era sólo un sirviente y sin dudas, fiel aún en el infortunio. Si bien no me opongo a esta interpretación, quisiera analizar otro ángulo del problema: bien se pudo “invisibilizar” a Ansina. Hacerlo desparecer de la gesta artiguista sin más trámite. Borrarlo de la historia. Al respecto hay ejemplos de sobra en el mundo. Sin embargo, no lo hicieron. ¿Por qué?. La respuesta puede estar en la definición de Carlos Real de Azúa (1916-1977) de Uruguay como “un país de cercanías”, donde la distancias – geográficas, sociales y aún raciales - entre sus habitantes nunca fueron extremas. Dicho de otro modo: una sociedad racista sí, pero donde los negros podían tener su lugar en la historia patria.

A esta cuestión se le agregó un episodio que provocó una confusión con el nombre verdadero de Ansina. En octubre de 1885 una delegación militar y diplomática –la Misión Tajes– llegó a Asunción para entregar al gobierno paraguayo los trofeos de la guerra de la Triple Alianza. En ese acto se presentó un anciano negro, llamado Manuel Antonio Ledesma (según el genealogista Dr. Enrique Yarza era oriundo de Santiago del Estero) que había acompañado a Artigas. El último de los artigueños fue fotografiado por Máximo Fleir y así ese hombre casi calvo, de barba blanca, mirada severa con un halo de tristeza y bastón en la mano, se convirtió en Ansina. Continuará.

MAG. JORGE CHAGAS

 

 

Modificado por última vez en Miércoles, 28 Noviembre 2018 16:12