“MATARON A VENANCIO FLORES” – DEFECTOS Y VIRTUDES III

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Las primeras imágenes muestran una carreta tirada por bueyes que avanza lentamente por la llanura, en su interior van encadenados los prisioneros, junto a ella, un grupo reducido de soldados la custodian...  

La perspectiva del tiempo transcurrido desde su estreno, nos permite evaluarla como una película “válida”, como señalará alguna crítica de ese entonces. Dentro de la historia del cine uruguayo, “Mataron a Venancio Flores” no se trata de los grandes traspiés, sin embargo, conviene acercar algunas opiniones producidas cuando su estreno. Morosidad, lentitud, superficialidad, fueron algunas de las consideraciones que despertó.

Para el crítico Luis Elbert, “la valoración global debe incluir necesariamente las carencias, pero también las virtudes que emanan de la ambición trascendente, la preocupación de autenticidad, el compromiso de plantear una acción cultural en medio del propio terreno (...) El nivel general es excepcional dentro del cine uruguayo que se ha hecho”, concluye. También fue considerada como una dificultad adicional el que fuera una historia que necesariamente requería de una ambientación y reconstrucción histórica, y “las complicaciones de un rodaje en exteriores, (...) con sus carencias y con sus virtudes parciales, el resultado es sin duda lo más decoroso que se ha hecho en el Uruguay en bastante tiempo”, afirmó el crítico Guillermo Zapiola.

También Jorge Abbondanza subrayó “la sensación de cine vocacional y primerizo que trasmite el film con sus tanteos, incapaces de retener la atención de un público que exige (aunque no lo perciba) un nivel mínimo de dominio de lenguaje que parece fácil de obtener cuando se lo ve en un producto industrial, pero que revela dificultades infranqueables cuando se pretende alcanzarlo sin experiencia”.

Otra opinión también proveniente de la crítica fue la de Jorge Ricardo Solares que señala que “incluso pudo llegarse a pensar en un relato abierto a segundas lecturas (dictadura reinante, represión, etc.) que extendiera esos lazos hasta establecer un cotejo con realidades nacionales más contemporáneas, pero semejante opción hubiera necesitado un libreto menos confuso, más incisivo, y también un esquema directriz decidido a no demorarse en situaciones laterales”.

Por su parte, en la página de cartelera de El Diario, del 4 septiembre de l982, se indicaba que; “reparos narrativos, aciertos de interpretación y cuidados formales deben adjudicarse a este nuevo intento de hacer cine en Uruguay, esta tarea dificultosa que aquí ha sido encarada con la seriedad debida”.

También “Mataron a Venancio Flores” fue atacada desde las páginas de El Día, llegando como interpretaron en Cinemateca Revista a “una serie de consideraciones agraviantes bordeando el insulto personal e institucional”. Ese mismo órgano de prensa, meses más tarde, cuando el film obtiene el premio en España, se desdice y desde la página editorial aplaude el film.

Esta película es sin duda, uno de los ejemplos de ese afán muchas veces sólo voluntarista, enmarcada a su vez, en una situación para nada alentadora como lo fue el período de facto en que fue realizada. En ella, como lo manifiesta la crítica, existen “puntas” temáticas que intentaban herir la cáscara de silencio y represión imperante en esa época; el logro seguramente no fue, como queda demostrado, completo y acabado. Entre la inexperiencia y la necesidad de un mensaje presuntamente contrario a la realidad del momento, persiste un aire de autenticidad, de búsqueda narrativa y de marcado carácter local.

Daniel Rovira Alhers

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