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Jueves, 24 Diciembre 2020 10:27

OPINIÓN - El año sin besos ni abrazos

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Despedir este año 2020 significa, por sobre todas las cosas, el deseo de alejarse de la pandemia. Nunca antes tuvimos que pasar por una amenaza tan presente, cercana y que terminó cubriendo de temor todas las actividades humanas. 

No vamos a dar cuenta de los números ni previsiones a futuro. Tampoco hablar de la cantidad de fallecidos que el virus se ha llevado. No queremos ahondar la decepción que nos producen además, el accionar de algunos líderes mundiales cuando se enfrentan al público y lo que dicen sobre la pandemia solo resuma estupidez, egoismo y política de las más barata.

En estas horas en que el calendario indica el nuevo año, queremos hablar de lo poco visible son los rastros que la Covid-19 está dejando en nosotros.

Este año lo recordaremos por el de los escasos besos y abrazos, el año del mínimo contacto físico, ni hablemos del amor o de su saludable ejercicio. Es un delito poder ir a bailar, divertirse y entonces es cuando pensamos en nuestro jóvenes, en las restricciones y el aislamiento a que están sometidos.

En un viejo libro hasta hace poco reciente, se lee la frase: “hagan el amor, no la guerra”, escrita por un músico que hoy, no entendería la forma en que lo mirarían.

Este año nos ha marcado. No sabemos todavía de qué modo y a cuanta profundidad. Hay indicios, claro que sí, que nos hablan de la depresión, la ansiedad, la soledad y la angustia que produce en miles, en millones, desparramados por el mundo, encerrados entre cuatro paredes.

La única cifra que no podemos olvidar es la de los millones de personas que la pandemia los ha sumido en la pobreza y en su consecuencia, el hambre. Muy cerca de nuestro país -y también en el nuestro- vastos sectores de la población que han perdido sus trabajos, solo les queda esperar algún tipo de ayuda – siempre escasa- para poder seguir adelante.

Esta realidad no conoce fronteras, está ocurriendo en todos los confines del planeta y afecta gravemente a poblaciones que vivían en el borde de la sobrevivencia, que tenían su trabajo formal o informal, pero que seguían su vida en medio de las dificultades.

¿Vamos a despedir el año? Claro que sí, y a olvidarlo. Que con las vacunas se restablezca y se vigorice la esperanza, que sea como una trinchera, dijera Benedetti, para alcanzar en el menor tiempo posible, y con la menor perdida, al menos la situación que vivíamos antes de la pandemia.

Y cerrar los oídos a muchas de las decenas de tramas e intrigas, complot y estrategias que también a provocado la Covid-19 buscando el miedo y la desinformación.

Como decía mi abuelita, el pánico es mucho, pero más aun la forma para combatirlo. ¿No bajar los brazos!

De todas maneras, a como de lugar, ¡Feliz año 2021 a todos, a todas, en cualquier lugar!

Viejo Vizcacha

 

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