Lunes, 12 Abril 2021 10:48

La educación bajo pandemia

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“He visto a niños que han dado marcha atrás en el uso del lenguaje propio de los bebés y que necesitan más ayuda de lo que es normal en esa edad en sus rutinas diarias, como dormir o ir al baño. 

Personal de UNICEF ha entrevistado a una experta en educación infantil que explica algunos de los comportamientos que han provocado en los niños los confinamientos, el aislamiento y otros efectos del COVID-19.

Esta entrevista fue realizada por Mandy Rich, redactora de contenidos digitales del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia:La pandemia del coronavirus y los extensos confinamientos en el hogar provocan que los niños pasen largos periodos de tiempo en casa aislados de su entorno social y agravando aún más la crisis de atención y el aprendizaje.

La suspensión de las clases, junto a otras importantes facetas en su desarrollo como la interrupción de los juegos con los amigos y otras rutinas esenciales, están causando un aumento de comportamientos regresivos en ciertas habilidades que antes dominaban.

Claro ejemplo de ello son las alteraciones en rutinas como ir al baño o dormir, o las dificultades a la hora de controlar los sentimientos de ira, tristeza y ansiedad que sufren tanto niños como adolescentes.

Para comprender más a fondo estos comportamientos que los padres están viendo en sus hijos y entender cómo superarlos juntos, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia entrevistó* a Nancy Close, doctora y profesora adjunta en el Centro de estudios infantiles de la Facultad de Medicina de la Universidad estadounidense de Yale, así como directora adjunta del Programa sobre la Educación en la primera infancia.

 

¿Qué retroceso está observando en los niños durante la pandemia de COVID-19?

Estoy observando un retroceso notable, superior a lo que suele considerarse adecuado en términos de desarrollo. He visto a niños que han dado marcha atrás en el uso del lenguaje propio de los bebés y que necesitan más ayuda de lo que es normal en esa edad en sus rutinas diarias, como dormir o ir al baño.

Puede ser muy difícil enfrentarse a sentimientos complejos y manifestarlos, así que estamos viendo rabietas tanto en niños más pequeños como de edad más avanzada, incluso en estudiantes universitarios.

También nosotros, los adultos, retrocedemos cuando aumentan nuestros niveles de estrés o cuando vivimos cambios y transiciones, así que creo que es importante tener en cuenta que se trata de un fenómeno del desarrollo que puede darse desde la infancia hasta la edad adulta.

Por otro lado, también estamos observando numerosos problemas de comportamiento. Hemos detectado que a los niños les entristece mucho no poder estar con sus amigos o sus maestros y reaccionan con emociones y comportamientos exagerados a los cambios que se están produciendo en las escuelas.

Esta incertidumbre está aún más presente y es mucho más desalentadora porque a todos nos está costando conseguir que las cosas sean normales y predecibles. Nos hemos dado cuenta de que la regularidad y la previsibilidad son muy difíciles de conseguir durante esta pandemia. Por este motivo, los niños pueden sentir más ansiedad y frustración y, como consecuencia, sufrir alteraciones en su comportamiento.

 

Algunos progenitores aseguran que sus hijos adolescentes tienen rabietas. ¿Cómo deberían responder?

Pueden ayudarlos a encontrar la manera de controlar sus emociones (por ejemplo, salir a pasear o a correr, respirar profundo, pintar o dibujar), o a buscar el modo de poder mantener el contacto con sus amigos y familiares.

Sin embargo, estas técnicas no pueden utilizarse mientras están teniendo la rabieta. Una vez controlada, la madre o el padre pueden decirle: “Te has enfadado mucho. Me gustaría saber qué te pasa”. Esto podría ayudar a descubrir los sentimientos que hay detrás de esas rabietas.

 

Es habitual que haya una mezcla de sentimientos: enfado, miedo, tristeza o ansiedad, entre otros. Puede ser útil reconocer lo difícil, dura y distinta que está siendo la vida durante la pandemia de COVID-19.

La adolescencia puede ser complicada para los progenitores y para los hijos, ya que el objetivo principal en términos de desarrollo es avanzar a paso rápido hacia la independencia, un proceso que comienza en la primera infancia. Este proceso está cargado de emociones, dolor, dificultad y ansiedad, tanto para los progenitores como para los adolescentes.

 

Otros progenitores han observado que sus hijos han vuelto a orinarse en la cama. ¿Qué les recomendaría?

Esta regresión es muy habitual. En estos casos, hay que observar si ha habido algún cambio en casa o en la escuela que pueda explicarlo. Si hay algo que pueda estar produciéndole ansiedad a tu hijo, debes hacer todo lo posible por ayudarle.

A estas edades, puede ser útil ponerles un pañal para dormir. Controla su ingesta de líquidos y procura limitarla cuando se acerque la hora de irse a dormir. Observa con qué frecuencia el pañal aparece mojado por las mañanas. Esto te permitirá comprobar el control que tu hijo va adquiriendo durante las noches. Hazle saber que lo ayudarás a no volverse a orinar en la cama.

Al mismo tiempo, ayuda a tus hijos a ser más independientes a la hora de vestirse y desvestirse, lavarse las manos, comer y realizar tareas sencillas adecuadas para su edad, como recoger su plato de la mesa (siempre y cuando puedan hacerlo). Promover y propiciar la independencia de los niños en función de su edad en otras áreas contribuye a mejorar sus competencias y su autoestima, y puede ayudarlos a dominar todos los aspectos del aprendizaje para ir al baño.

 

A muchos niños les afecta la alteración de la “normalidad” en su ámbito escolar, sus juegos y su aprendizaje. ¿Qué les recomendaría a sus progenitores?

Sabemos que los niños tienden a repetir o imitar el comportamiento de sus cuidadores, así que creo que los padres deben buscar ayuda para controlar su propio estrés, ya que esto, a su vez, puede contribuir al bienestar de sus hijos.

Mis hijos ya son adultos y no me puedo ni imaginar cómo sería hacer los malabares que tienen que hacer los progenitores cuyos hijos se encuentran en plena etapa de crecimiento. Muchos tienen que ayudar a sus hijos con las tareas escolares, ya sean virtuales o presenciales, al tiempo que los cuidan y se preocupan por sus propios trabajos y por su salud, así como la de su familia.

El sentimiento de culpabilidad de los progenitores se ha intensificado durante la COVID. Les preocupa el aislamiento social de sus hijos, sus habilidades sociales, las oportunidades que tienen para jugar y su educación. Los niños tienen una gran capacidad para percibir la preocupación de sus padres, así que hablar de ello puede resultarles reconfortante.

 

Cuéntenles lo que les preocupa de una forma adecuada desde el punto de vista de su desarrollo, por ejemplo: “Esta situación también es difícil para mamá y papá, y estamos intentando hacer todo lo posible por ayudarte a aprender y a jugar”.

Las madres y los padres se están sintiendo muy solos en esta época tan difícil. Para muchos es útil saber que otros padres y otras madres sienten lo mismo. Les consuela saber que no están solos, pero el estrés y la ansiedad vuelven a aparecer en cuanto los niños dejan de hacer las tareas que les envía su maestro, no prestan atención a las clases virtuales o, directamente, se niegan a asistir.

Para esto no tengo una solución mágica. Lo mejor es que sepan que no están solos, y que es inevitable que se sientan desesperados, frustrados, culpables y preocupados. Es verdaderamente difícil.

 

¿Cree que será posible?

Yo no puedo predecirlo. Desde una perspectiva optimista y teniendo en cuenta la curiosidad, la motivación y la resiliencia que los niños tienen por naturaleza diría que sí, que podrán ponerse al día.

Es importante que reflexionen y que hablen sobre lo que está pasando fuera. Que jueguen e intenten aprender y crecer juntos. Y que tengan siempre en cuenta que lo mejor que pueden hacer por sus hijos es darles amor y atención.

 

¿Qué consejo les daría ahora mismo a los padres y las madres?

¡Que no se rindan! Todos lo estamos haciendo lo mejor posible. No todos ejercen el papel de madres o padres de la misma forma, así que es mejor no compararse con otros progenitores ni comparar a nuestros hijos con los de los demás. Cada uno conoce sus valores y sabe lo que quiere para sus hijos. Estamos haciendo todo lo posible por salir adelante.